El mercado interno permanece prácticamente estable, mientras las exportaciones muestran un crecimiento significativo y constituyen una excelente noticia para el sector. La cifra preocupante indica que desde el 2020 la superficie implantada aumentó en 56.533 hectáreas. La industria sabe que esa capacidad productiva existe y que una parte está entrando progresivamente en producción. Esa realidad ayuda a entender por qué hoy no existen incentivos de mercado para mejorar el precio de la hoja verde.
Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), correspondientes al primer semestre de 2026, permiten mirar la situación actual del sector con una perspectiva más amplia.
Para hacerlo comparamos los primeros seis meses de cada año desde 2020 en tres variables fundamentales: ingreso de hoja verde a secaderos, salida de molino destinada al mercado interno y exportaciones.
A esos datos agregamos otro que resulta decisivo: la evolución de la superficie plantada en ese mismo período.
Cuando todas esas variables se observan juntas, aparece una explicación bastante más compleja de la actual crisis yerbatera.
Una producción que responde a las necesidades del mercado
Durante los primeros seis meses de 2026 ingresaron a secaderos 417,5 millones de kilos de hoja verde.

El promedio de los primeros semestres de los siete años analizados fue de aproximadamente 453,7 millones.
La cosecha actual, por lo tanto, está por debajo de ese promedio, aunque tampoco constituye el menor registro de la serie.
Si realizáramos una simple anualización del primer semestre —solamente como referencia y sin pretender convertirla en una proyección estadística—, 2026 podría finalizar alrededor de los 835 millones de kilos de hoja verde.
Utilizando como referencia el coeficiente histórico del 35% de conversión de hoja verde a yerba mate canchada utilizado por el INYM, equivaldría a aproximadamente 292 millones de kilos de canchada.
Pero más importante que intentar proyectar una cifra final es observar el comportamiento del mercado: la industria compra la materia prima que necesita y dispone de ella cuando la requiere.
No aparece una restricción de oferta.
El mercado interno: extraordinariamente estable
Los números de salida de molino muestran una estabilidad notable.

Durante el primer semestre de 2020 se comercializaron en el mercado interno 134,5 millones de kilos. En 2021 fueron 138,7 millones; en 2022, 137,5 millones; en 2023, 138,7 millones y en 2026, 137,3 millones.
La excepción fue 2024, cuando se registraron 119,5 millones.
Más allá de esa caída puntual, el dato estructural es evidente:
El mercado interno argentino consume aproximadamente los mismos volúmenes desde hace años.
Una anualización simple de 2026 permite ubicarlo alrededor de 275 millones de kilos.
Está abastecido. Es estable. Pero no muestra un crecimiento capaz de absorber grandes aumentos de la capacidad productiva.
La gran noticia: las exportaciones
El comportamiento del mercado externo es muy diferente.

En el primer semestre de 2020 se exportaron 19,6 millones de kilos. En 2025 fueron 24,5 millones y durante los primeros seis meses de 2026 llegaron a 25,9 millones.
El crecimiento respecto de 2020 es cercano al 32%.
De mantenerse el ritmo del primer semestre, 2026 podría ubicar las exportaciones en el rango de los 50 millones de kilos anuales. Es una muy buena noticia.
Probablemente sea además el camino más importante que tiene por delante la actividad: conquistar nuevos consumidores fuera de la Argentina para ampliar una demanda interna que permanece prácticamente estabilizada.
Pero aun ese notable crecimiento debe ponerse en perspectiva frente a lo que ocurrió del lado de la producción.
56.533 hectáreas nuevas
En 2020 Misiones y Corrientes tenían conjuntamente 174.819 hectáreas implantadas con yerba mate.
En 2025 llegaron a 231.352 hectáreas.
Son 56.533 hectáreas adicionales en apenas cinco años.
Y aproximadamente el 90,3% de esa expansión ocurrió en Misiones.


La provincia pasó de 152.655 hectáreas en 2020 a 203.692 en 2025: más de 51.000 hectáreas adicionales.
Corrientes pasó de 22.164 a 27.661 hectáreas.
Los números permiten entonces desmontar otra explicación repetida en los últimos tiempos: la extraordinaria expansión de la superficie yerbatera no ocurrió fundamentalmente en Corrientes. Ocurrió en Misiones.

Lo que todavía puede producirse
Aquí aparece probablemente el dato más importante para comprender la formación actual del precio de la hoja verde.
A modo de ejercicio, tomemos un rendimiento hipotético y deliberadamente prudente de 4.500 kilos de hoja verde por hectárea.
Aplicado sobre las 231.352 hectáreas actualmente implantadas, representa una capacidad productiva teórica superior a 1.040 millones de kilos de hoja verde.
Utilizando el coeficiente convencional del 35%, serían aproximadamente 364 millones de kilos de yerba mate canchada.
No estamos diciendo que necesariamente se producirán esos volúmenes.
Los rendimientos varían según edad de los yerbales, manejo, clima, fertilización, densidad y muchas otras variables. Tampoco toda la superficie se encuentra en idéntico estado productivo.
El número sirve para mostrar otra cosa:
Existe una enorme capacidad productiva disponible.
Y la industria lo sabe.
El precio también responde a esa realidad
Éste es probablemente uno de los aspectos más ríspidos de la discusión actual.
Una industria compra materia prima para transformarla y venderla.
El mercado interno permanece prácticamente estable. Las exportaciones están creciendo significativamente —y hay que celebrarlo—, pero todavía representan una fracción comparativamente menor del mercado total.
Mientras tanto, la superficie productiva aumentó más de 32% desde 2020.
Por eso cabe una pregunta elemental:
¿qué incentivo tendría un comprador para pagar voluntariamente más por una materia prima que sabe disponible en abundancia?
Podemos discutir la desregulación, la desaparición del precio oficial, la capacidad negociadora del productor, los costos, los márgenes industriales y la concentración económica. Todas son discusiones legítimas.
Pero ninguna puede ignorar una realidad física que ocurrió antes: en cinco años se incorporaron 56.533 hectáreas de yerba mate.
No necesariamente sobra yerba cosechada. Sobra capacidad productiva
Quizás ésta sea la precisión más importante.
Decir simplemente que “sobra yerba” puede inducir a pensar en enormes cantidades de hoja verde cosechada esperando comprador. No es exactamente eso lo que muestran los números.
Lo que existe es una capacidad productiva considerablemente mayor frente a una demanda que, salvo por el alentador crecimiento exportador, se modifica lentamente.
Y esa disponibilidad potencial condiciona inevitablemente la negociación.
La industria sabe que puede comprar.
Sabe que detrás existen más de 231.000 hectáreas plantadas.
Y sabe también que buena parte de la extraordinaria expansión producida durante los últimos años está alcanzando progresivamente su madurez productiva.
Por eso la pregunta fundamental quizás no sea solamente cuánto debería pagarse hoy por el kilo de hoja verde.
Hay una anterior:
¿Cómo llegamos a plantar 56.533 hectáreas adicionales en apenas cinco años si el principal mercado de la yerba mate permanecía prácticamente estable?
Y, sobre todo:
¿nadie advirtió que esto podía ocurrir?
La respuesta merece otra nota.
Fuentes: Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Informes del Sector Yerbatero y estadísticas oficiales, período 2020–2026. Datos de superficie implantada: INYM.
Elaboración y análisis: La Voz Disruptiva.
