Lo que está ocurriendo en Paraguay aporta un dato incómodo al debate yerbatero argentino. Sin un organismo equivalente al INYM que haya fijado precios a la materia prima, productores paraguayos también enfrentan valores que no cubren sus costos. Algunos dejan la hoja verde sin cosechar y otros directamente erradican yerbales. La experiencia vuelve a colocar una cuestión en el centro de la discusión: además de debatir quién fija el precio, habrá que preguntarse cómo ampliar el mercado para una producción que tiene capacidad de crecer mucho más que su demanda.
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Una noticia que pasó casi inadvertida
El pasado 10 de septiembre, el diario El Territorio publicó una información proveniente de Paraguay que merece ser observada con atención desde Misiones.
Productores yerbateros de Itapúa describieron una situación crítica. Según Felipe Ojeda, presidente de Productores Yerbateros del Nordeste de Itapúa, la Cooperativa Colonias Unidas había establecido un valor de 1.500 guaraníes por kilo puesto en secadero, pero descontados flete y tarefa al productor podían quedarle apenas unos 300 guaraníes por kilo, equivalentes, según la conversión publicada por el diario, a unos 85 pesos argentinos.
La consecuencia resulta conocida para cualquier productor misionero: si cosechar cuesta más de lo que deja la cosecha, llega un momento en que conviene no cosechar.
Ojeda estimó que podría quedar alrededor del 30% de la yerba en las chacras. Y otro productor citado por el diario, Lisandro Benítez, fue todavía más lejos: afirmó que aproximadamente el 45% de los productores estaría eliminando parte de sus plantaciones, principalmente en Itapúa.

Paraguay plantea una comparación interesante
La experiencia paraguaya merece atención por otra razón.
Paraguay no tuvo históricamente un sistema equivalente al argentino de regulación del precio de la materia prima a través de organismos como fue la CRYM durante buena parte del siglo pasado o el INYM, creado en 2002.
Por eso resulta demasiado simple explicar todos los problemas actuales de la producción argentina exclusivamente por la pérdida de las facultades del INYM para establecer precios de referencia.
Eso no significa que ambos mercados sean iguales ni demuestra que la regulación resulte innecesaria. Pero introduce una evidencia útil para la discusión: en un mercado yerbatero sin aquel mecanismo argentino de fijación institucional de precios también puede producirse una caída del valor de la materia prima hasta niveles que los productores consideran incompatibles con sus costos.
Y cuando eso ocurre, el mercado encuentra finalmente algún mecanismo de ajuste.
En Paraguay parece estar encontrándolo de la manera más dura: dejando yerba en las plantas o directamente eliminando yerbales.
Algo parecido empieza a escucharse en Misiones
El dato paraguayo resulta particularmente interesante porque algunas manifestaciones que empiezan a escucharse entre productores misioneros van en una dirección similar.
Ante precios considerados insuficientes, algunos comienzan a evaluar cuánto cosechar, qué lotes dejar sin levantar y hasta qué sentido tiene mantener determinadas superficies productivas.
No necesariamente significa que estemos frente a un proceso de erradicación comparable con el que describen los productores paraguayos. Todavía sería prematuro afirmarlo.
Pero el mecanismo económico es conocido. Cuando durante un período prolongado el precio de un producto no cubre los costos o no remunera adecuadamente los factores de producción, disminuyen los incentivos para producirlo. Primero se posterga una cosecha; después disminuyen las inversiones, se postergan o directamente se dejan de hacer cuidados culturales y, finalmente, puede reducirse la superficie.
Es una forma de autorregulación de la oferta.
Una enorme capacidad productiva
Los datos del INYM indican que entre enero y julio de 2026 fueron procesados 568,9 millones de kilos de hoja verde. En ese mismo período, las salidas de yerba elaborada alcanzaron 193,7 millones de kilos: 161,6 millones destinados al mercado interno y 32,1 millones a exportaciones.
Las cifras no son directamente comparables: entre la hoja verde y la yerba elaborada existen secado, molienda, estacionamiento, stocks y una relación de conversión. Pero muestran las dos caras del problema: una región con gran capacidad para producir y una demanda que necesita acompañar esa capacidad.
Sturzenegger y la otra parte de la ecuación
Durante su reciente visita a Puerto Iguazú, el ministro Federico Sturzenegger volvió a rechazar el establecimiento de precios mínimos de obligatorio cumplimiento para la hoja verde y sostuvo que el crecimiento del sector debería impulsarse a través de las exportaciones.
Su posición forma parte de una discusión política y económica más amplia sobre la desregulación del mercado yerbatero, cuestionada por organizaciones de productores que reclaman recuperar herramientas de intervención.
Pero hay una parte del planteo que merece analizarse independientemente de esa controversia: si existe más capacidad de producir yerba de la que los mercados actuales pueden absorber remunerativamente, ampliar la demanda pasa a ser una cuestión central.
Las exportaciones argentinas vienen creciendo. En 2025 alcanzaron un récord de 57,98 millones de kilos, un 32,2% más que en 2024. Y entre enero y julio de 2026 sumaron otros 32,08 millones de kilos. El crecimiento es significativo, aunque el mercado interno continúa siendo ampliamente mayor.
También aparecen experiencias concretas para abrir destinos. Catorce marcas misioneras de pequeñas empresas y cooperativas realizaron recientemente un primer envío conjunto hacia Nueva Zelanda. Su escala inicial puede ser pequeña frente al volumen total del sector, pero conceptualmente apunta hacia una cuestión decisiva: conseguir nuevos consumidores.
El precio también es una señal
Durante décadas, buena parte de la discusión yerbatera argentina estuvo concentrada en cuánto debía valer el kilo de hoja verde.
La pregunta sigue siendo legítima. Detrás de ella existen productores, trabajadores, inversiones y familias que necesitan rentabilidad para permanecer en la actividad. Pero quizás haya llegado el momento de agregar otra pregunta: ¿cuánta yerba puede absorber el mercado a un precio que permita sostener toda la estructura productiva existente?
Paraguay parece estar empezando a responderla de la peor manera.
Cuando la producción no encuentra compradores a un precio remunerativo, una parte queda en las plantas. Y cuando esa situación se prolonga, algunas plantas directamente desaparecen. El mercado termina buscando su equilibrio. El problema es que puede hacerlo a costa del productor.

El desafío es vender más
Por eso el debate argentino probablemente sea bastante más amplio que la alternativa entre regulación y desregulación. Puede discutirse qué funciones debe tener el INYM, cómo evitar posiciones dominantes, cómo mejorar la transparencia comercial o de qué manera garantizar condiciones razonables para el productor.
Pero la regulación del precio y el tamaño del mercado son dos problemas distintos. Resolver uno no elimina automáticamente el otro.
La experiencia paraguaya que hoy tenemos prácticamente frente a nuestros ojos debería servir, al menos, como advertencia.
La yerba mate argentina posee producción, conocimiento, industria, calidad y una identidad extraordinariamente poderosa.
El próximo gran desafío quizás no sea producir más. Sea conseguir quién compre más.
Fuentes: Elaboración LVD en base a información de Diario El Territorio, Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y Misiones Online.
