El método Sturzenegger: destapar un caño por vez

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Federico Sturzenegger volvió a explicar su tarea con una metáfora poco habitual para un economista: dice que él y su equipo son “plomeros” que buscan dónde está tapada la cañería y se meten a destaparla. Detrás de la expresión aparece una manera de entender la reforma del Estado: revisar normas, detectar obstáculos, enfrentar intereses y avanzar regulación por regulación. Algunas veces funciona. Otras, reconoce, no. Su reciente paso por Misiones y sus definiciones sobre la yerba mate muestran que no parece dispuesto a abandonar el método.

Un economista convertido en plomero

“Somos detectives”, dijo Federico Sturzenegger ante unos 200 empresarios reunidos por la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). Pero enseguida encontró una definición más gráfica. “Somos los plomeros”.

La imagen resulta bastante menos académica que sus antecedentes como economista, profesor universitario y expresidente del Banco Central. Pero probablemente describa mejor cómo concibe actualmente su tarea al frente del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado.

Según explicó, su equipo busca regulaciones perdidas entre decretos, resoluciones y disposiciones acumuladas durante décadas. Algunas veces las encuentran ellos mismos; otras, a partir de ciudadanos o empresarios que les escriben señalando un problema.

Y entonces aparece el plomero. Hay que encontrar dónde está tapado el caño, meterse en la cañería y tratar de destaparlo.

No parece haber en ese método una gran reforma única capaz de cambiar todo de una vez. Hay algo bastante más tedioso: revisar una norma, encontrar una restricción, preguntarse por qué existe, identificar quién se beneficia con ella, modificarla y pasar a la siguiente.

Es, en buena medida, la lógica que desde La Voz Disruptiva venimos siguiendo bajo la idea de las reformas silenciosas.

Un plan bastante menos espectacular de lo que parece

Sturzenegger aprovechó el Día de la Exportación para enumerar algunas de esas reformas.

Habló del régimen de envíos postales y se preguntó por qué durante décadas fue relativamente sencillo recibir en Argentina una compra realizada en el exterior, mientras un pequeño productor argentino encontraba mayores dificultades y costos para vender mediante plataformas internacionales.

Mencionó también la incorporación argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), las modificaciones en energía, minería y la eliminación de restricciones para importar bienes de capital usados.

Distintas actividades, distintos problemas y distintas normas. El hilo conductor es siempre parecido: ¿hay una regulación que impide hacer algo? ¿Por qué está allí? ¿A quién protege? ¿Todavía tiene sentido? Es el trabajo del plomero.

Los intereses no están solamente en el Estado

Hay otra característica del método que Sturzenegger dejó expuesta ante los propios empresarios. Para el ministro, muchas regulaciones no sobreviven simplemente por inercia burocrática. Algunas existen porque alguien obtiene un beneficio de ellas.

Al referirse a las restricciones que existían para importar maquinaria usada, apuntó directamente contra sectores fabricantes de maquinaria agrícola. Su argumento fue que determinadas industrias buscan protección pero, en lugar de explicitar ese interés, lo presentan bajo justificaciones más generales.

La observación resulta importante porque muestra que, en la concepción del ministro, la desregulación no supone solamente enfrentarse con empleados públicos, sindicatos u organismos estatales. También puede significar enfrentarse con empresarios. Y en el encuentro de CERA lo hizo delante de ellos.

Cuando el caño explota

Pero el discurso tuvo otra particularidad: Sturzenegger habló también de una batalla que perdió. El intento de modificar el régimen de practicaje en la Hidrovía terminó en un conflicto que paralizó el comercio exterior y obligó al Gobierno a retroceder en parte de su iniciativa.

El ministro no ocultó su disgusto. Incluso reprochó públicamente a los exportadores no haber respaldado suficientemente aquella desregulación cuando el conflicto estalló. Es quizás uno de los aspectos más interesantes de su exposición porque permite comprender también los límites del método.

Destapar regulaciones supone tocar intereses existentes. Y esos intereses pueden tener capacidad suficiente para resistir. No todos los caños se destapan. Algunos, sencillamente, explotan.

En Misiones, el mismo método

Pocos días antes, Sturzenegger había estado en Puerto Iguazú participando de la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), encuentro que posteriormente cerró el presidente Javier Milei.

Allí volvió a encontrarse con una discusión que en Misiones conocemos perfectamente: la desregulación de la actividad yerbatera. Y no modificó su posición.

Sturzenegger ratificó que para el Gobierno nacional la desregulación del sector y la no fijación administrativa de precios constituyen lineamientos centrales de su política.

Frente al reclamo para recuperar un precio mínimo para la hoja verde, sostuvo que establecerlo significaría asignarle a la yerba un valor que el mercado actualmente no convalida.

Su propuesta va exactamente en la dirección contraria: en lugar de intervenir sobre el precio, aumentar la demanda. Y para ello señala principalmente a las exportaciones.

Su razonamiento es sencillo: si la yerba mate llega prácticamente a todos los hogares argentinos, ¿por qué la industria no podría ampliar mucho más su presencia en el resto del mundo? Sturzenegger imagina una actividad yerbatera considerablemente mayor dentro de diez años.

Los yerbateros le escribieron

Hay un episodio de su visita a Iguazú que ayuda todavía más a entender al personaje y su método. El ministro contó que numerosos productores yerbateros consiguieron su número de teléfono y comenzaron a escribirle directamente. Y dijo haber mantenido con ellos muchos diálogos. Los escuchó, según su propio relato, pero también les explicó por qué no comparte la solución que reclaman.

Su argumento introduce al consumidor dentro de una discusión que habitualmente en Misiones analizamos desde la producción: detrás de un precio artificialmente elevado —sostiene— también hay millones de consumidores, muchos de bajos ingresos, que deben pagar ese precio.

Puede discutirse largamente el argumento. De hecho, mientras Sturzenegger hablaba en Iguazú, productores y tareferos se movilizaban contra la política nacional reclamando un precio justo para la materia prima.

El ministro del Agro de Misiones, Facundo López Sartori, respondió públicamente que la desregulación “no había “sincerado” simplemente el precio sino modificado el poder relativo dentro de la cadena y sostuvo que una industria que crece mientras desaparecen productores implicaría concentración y no desarrollo“.

Son dos maneras muy diferentes de interpretar el mismo mercado. Pero Sturzenegger no parece dispuesto a resolver esa discusión mediante el regreso a la fijación de precios.

Hasta la estampilla entra en discusión

Su razonamiento desregulador llegó también al propio INYM. Durante su paso por Iguazú puso en discusión la tasa de fiscalización —la conocida estampilla— con la que se financia el Instituto.

Sturzenegger sugirió que podría pensarse en mecanismos de aportes voluntarios, argumentando que un sistema semejante obligaría al organismo a demostrar a quienes lo financian el valor de los servicios que presta.

Otra vez aparece la misma pregunta. ¿Por qué esto funciona así?

Y después vienen las siguientes: ¿Tiene que seguir funcionando así? ¿Qué ocurriría si lo cambiamos?

Una obsesión por revisar

Probablemente allí esté la característica más reconocible del método Sturzenegger. No parece buscar solamente las grandes leyes. Busca también la resolución perdida, el trámite innecesario, la prohibición olvidada, el costo escondido o el privilegio incorporado con los años al funcionamiento normal de una actividad.

Ese procedimiento genera beneficiados y perjudicados, adhesiones y resistencias. La experiencia de los prácticos demuestra, además, que el Gobierno no siempre consigue imponer el cambio que pretende.

Y la discusión yerbatera muestra algo adicional: desregular no elimina los conflictos distributivos dentro de una cadena productiva. Cambia, en todo caso, el mecanismo mediante el cual esos conflictos se resuelven.

Ese es precisamente el debate que Misiones tiene por delante.

Destapar un caño por vez

Tal vez la metáfora del plomero explique mejor que cualquier presentación académica la forma en que Sturzenegger concibe su tarea. No se propone reconstruir toda la casa de una vez. Busca dónde está tapada la cañería, intenta descubrir por qué se tapó, quién se beneficia con que permanezca así y qué ocurre si se la destapa.

Después pasa al siguiente caño. Algunas veces el agua vuelve a correr. Otras, como ocurrió con los prácticos, la resistencia obliga a retroceder o buscar otro camino.

La discusión política y económica consiste precisamente en evaluar qué caños efectivamente estaban tapados, quién soporta el costo de destaparlos y qué consecuencias produce cada cambio.

Mientras esa discusión continúa, Sturzenegger parece haber elegido su oficio: destapar un caño por vez.

Fuentes

Elaboración La Voz Disruptiva en base a declaraciones de Federico Sturzenegger publicadas por Clarín, medios de Misiones, documentación del INYM y exposiciones del ministro durante el Día de la Exportación y la 47ª Convención Anual del IAEF en Puerto Iguazú.