To be or not to be

Humor Disruptivo Nacional Política

Por: Alejandro Borensztein Para: Clarín

El dilema que persigue a la política nacional desde hace décadas.

Antes que nada, un reconocimiento especial para la foto de la semana: Karina Milei y Patricia Bullrich, juntas y sonrientes, en el despacho de la secretaria general de la presidencia. Clásica foto de compromiso entre dos personas que se están matando a trompadas y que, al revés de lo que la imagen pretende comunicar, preanuncia que cada vez se van a pegar más fuerte. Son de manual.

Dicho esto, vayamos a lo importante.

Una vez más, se puso sobre la mesa el viejo debate que atraviesa la política nacional desde hace muchas décadas. Revisando la historia, no hay teoría política que sirva para resolverlo. De Aristóteles a Gramsci y de Keynes a Marx, nada sirve para esclarecer el problema: ¿son chorros o boludos? Veamos cómo estamos con el tema.

Esta semana reapareció Roberto Lavagna, el exministro de economía de Néstor Kirchner. En principio, el tema no tendría mayor relevancia si no fuera que lo hizo como testigo en el juicio por la causa de los cuadernos. En su declaración reveló que durante el kirchnerismo hubo una cartelización de la obra pública con sobreprecios del 20%, sobre todo en Vialidad. Nada que no supiéramos los que veíamos a Lanata.

Lavagna explicó que, en su momento, el Banco Mundial encendió la alarma a raíz de lo cual él mismo ordenó una investigación en la que se confirmó el tongo que había entre integrantes de la Cámara de la Construcción, los pasajeros del auto de Centeno y el contenido del baúl del auto de Centeno. Inmediatamente, Néstor echó a Lavagna.

En lugar de parar con la joda o profesionalizarla para evitar que los agarren, los kirchneristas siguieron con la misma codicia, descaro y desprolijidad con la que venían. Eso fue en 2005. Veinte años después, en 2025, Cristina terminó presa justamente por el tema Vialidad y el debate quedó abierto: ¿fueron más boludos que chorros o más chorros que boludos?

La duda sigue siendo válida hoy cuando vemos, por ejemplo, el caso Libra. ¿Hay miembros del gobierno que levantaron fortunas en aquella maniobra con criptomonedas o son unos boludos a los que un grupo de vivos se los fumó en pipa? ¿Qué les pasará dentro de 20 años?

Podría pasar que el devenir de los hechos desemboque en que los funcionarios del actual gobierno terminen usando la misma tobillera que hoy engalana la pierna de Cristina.

Curiosidad: ¿la tiene en la gamba derecha o izquierda? Un dato que, como sociedad, mereceríamos conocer. Sobre todo los peronistas.

Distinto es el caso de Manuel Adorni donde todo indicaría que no hay dilema. Acá se podrían dar ambas condiciones por igual: chorros y boludos. No habría prevalencia de una opción sobre la otra si no que las dos serían perfectamente complementarias. Ojalá la justicia dictamine otra cosa. Vamos Mahiques ahí, con fe.

El ejemplo donde la boludez se impone claramente podría ser el de la jueza Micheli. Veamos.

Javi no quiere designarla porque la señora es cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista de La Nación que, donde pone el ojo, te descubre un chanchullo. El tipo tiene un puntería increíble. Un jodido que siempre complica todo.

El problema es que Milei presentó el pliego de la jueza y cuando se enteró de que era la cuñada de ese demonio llamado Alconada decidió retirarlo. Para eso se peleó con el PRO, con los radicales, con los aliados provinciales, con alguno de los legisladores propios y hasta generó una crisis con Patricia Bullrich quien llegó a ofrecer su renuncia a la jefatura del bloque. Para colmo, la situación obligó a la foto con la que arranca esta nota. Gracias a ella ahora sabemos que el desprecio mutuo es mucho mayor del que se suponía. ¿Si no para que se sacan la foto?

Todo este quilombo fue para nada porque, como bien dijo el ministro de justicia Mahiques, el presidente no está obligado a firmar el decreto, que es la manera en que al final Milei va a resolver el problema.

O sea, si Javi se hubiera quedado callado desde el principio, la jueza tampoco asumiría porque el decreto igual no se iba a firmar. Armaron un quilombo al pedo para conseguir el mismo resultado. Esto, técnicamente no es choreo. Es boludez.

El hecho de que esa boludez haya sido provocada por el deseo de joderle la vida al guacho de Alconada y su manía de perseguir corruptos que chorean no cambia el fondo del análisis.

Todo este berenjenal ayuda poco y nada a Caputo que se la pasa diciéndole al mundo que los kirchneristas no vuelven más y que la reelección de Milei está garantizada.

Esta semana metió otra frase de colección: “aunque haya una guerra mundial o una invasión extraterrestre, Axel Kicillof no va a ser presidente”. Parece mentira que no haya un solo funcionario que le diga Toto, cerrá el pico y dedicate a laburar”. Ni uno.

El círculo rojo local y el internacional le sonríen al ministro pero, por las dudas, miran para los dos costados para ver si no viene un camión peronista de contramano.

Además, una reelección no garantiza nada. Menem tuvo dos mandatos y, en cuanto se fue, voló todo por el aire. Los Kirchner tuvieron tres seguidos y no generaron confianza ni en el almacenero de la esquina.

A Caputo se le suma un problema extra: Cristina no habla. Ella aprendió que cada vez que abre la boca y dice una boludez cae en las encuestas. Lo aprendió un poco tarde.

Sin decir nada, la gente se va olvidando de las barbaridades que hizo y dijo y, de a poquito, crece en las encuestas. Es el silencio más caro de la historia porque cada punto que ella sube le cuesta a Caputo un viaje a Washington, dos reuniones con embajadores y tres cenas con inversores. Y a esta gente no la arreglás con sandwichitos de miga.

En ese contexto, Kicillof mandó a dos emisarios en misión secreta a Washington para aclarar que él no es antimercado ni estatista ni comunista ni nada de eso. Esto lo contó Marcelo Bonelli en su nota del viernes, acá en Clarín. Observación: es obvio que esta gente no sirve ni para garantizar que una misión secreta sea secreta.

Los viajeros fueron Pablo López, ministro de economía, y Cecilia Nicolini, asesora en asuntos internacionales de Kicillof.

Si amigo lector, la misma Nicolini que armó la joda de la Sputnik. La ex funcionaria de Alberto y Cristina a la que le encontraron los mails hablando de la alianza estratégica con Putin. La persona justa que esperan los popes de Wall Street para confiar en Kicillof.

La deben haber elegido para la misión secreta porque debe ser la única que balbucea un poco de inglés. En el conflicto que planteamos hoy, acá boludez gana por varios cuerpos.

Ya en un tema menor, el mismo Kicillof se negó a aceptar la reforma del gobierno nacional que amplía las vigencia de la VTV y permite que la inspección pueda realizarse en talleres mecánicos habilitados. Temazo para seguir discutiendo el dilema que nos desvela: to be a boludo or to be a chorro.

Gran pasión popular sin solución a la vista.

Fuente: Clarín