Detener la catástrofe ambiental

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Foto: AFP

Por: Claudio Altamirano

En julio de 2023, el mundo entró en una nueva era de “ebullición global” como consecuencia del cambio climático, que vienen generando los humanos. Olas de calor, incendios forestales, tormentas torrenciales y condiciones climáticas extremas son acontecimientos que hemos observado en todo el mundo.

Según la Organización Meteorológica Mundial y el observatorio europeo Copernicus, este mes ha sido el más caluroso registrado en la historia, con una temperatura media global que superó temporalmente el umbral de 1.5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.

En estos tiempos de desafíos sin precedentes es inevitable buscar referentes que hayan dejado una huella en la lucha por un mundo más justo y sostenible. Tres nombres, aparentemente distantes en el tiempo y el espacio, emergen como voces clave en la urgente batalla contra la crisis climática: Perón, Lula y Greta Thunberg.

En el año 1972, en la histórica Cumbre de Estocolmo, Juan Domingo Perón lanzaba un poderoso mensaje al mundo: era hora de tomar conciencia sobre los peligros que la humanidad enfrentaba debido a la contaminación del medio ambiente, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento descontrolado de la población y la sobreestimación de la tecnología. “Necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental”, de este modo Perón anticipaba la gravedad de la crisis ambiental y llamaba a tomar conciencia de la marcha suicida de la humanidad ante la destrucción de los ecosistemas.

En la actualidad Greta Thunberg, la joven activista sueca, en 2018, con apenas 16 años, comenzó una solitaria huelga escolar frente al Parlamento de su país, para exigir medidas efectivas contra el cambio climático. Su determinación trascendió fronteras y se convirtió en una voz potente que inspiró a millones de jóvenes en todo el mundo. Greta resalta la conexión profunda entre el cambio climático y la crisis de desigualdad, argumentando que abordar el problema requiere enfrentar las injusticias sociales y las raíces del sistema que permiten la explotación y el robo de recursos.

Foto: CRISTINA QUICLER / AFP

En la cumbre climática de Naciones Unidas COP27 -noviembre 2022-, una voz relevante de nuestra patria grande, el presidente de Brasil, Lula Da Silva, anunció que Brasil regresaría a la lucha contra el cambio climático después de cuatro años del gobierno de Jair Bolsonaro, que calificó como desastroso al sumir a su país en el negacionismo climático. “Brasil está de vuelta”, afirmó.

Lula prometió que el cambio climático tendría el más alto perfil en la estructura de su gobierno y que los crímenes ambientales serían combatidos sin tregua. También reiteró su compromiso de restaurar los controles y medidas de protección de la selva amazónica desmantelados por su predecesor y anunció la creación de un ministerio para los Pueblos Originarios, que serían los encargados de velar por la Amazonia.

“Estoy hoy aquí para decir que Brasil está listo para unirse nuevamente a los esfuerzos para la construcción de un planeta más sano. De un mundo más justo, capaz de acoger con dignidad a todos sus habitantes, y no apenas a una minoría privilegiada”, afirmó Lula. Sumó un llamado a superar los intereses nacionales inmediatos y tejer colectivamente un nuevo orden internacional que refleje las necesidades del presente y las aspiraciones de futuro.

La ebullición climática: un llamado a la acción urgente

El mundo se enfrenta a una situación crítica que trasciende fronteras y amenaza el equilibrio ambiental. No es solo una cuestión local, sino un desafío global porque estamos al borde de un colapso socio ambiental severo con consecuencias devastadoras para la salud, la vida y los bienes de millones de personas.

La deforestación masiva, impulsada por la expansión agrícola y la urbanización, ha llevado a la pérdida de valiosos bosques y ha desplazado a innumerables especies, amenazando su supervivencia. Esta práctica ha liberado grandes cantidades de carbono a la atmósfera, contribuyendo al cambio climático. Un ejemplo claro de esta situación es la deforestación en la Amazonía, un ecosistema vital para frenar el cambio climático. Según informes, durante los tres primeros años del mandato del presidente Bolsonaro, la deforestación en la Amazonía aumentó un 73%, lo que resultó en la destrucción de cerca de 35 mil hectáreas de selva, con una desastrosa pérdida de sumideros de carbono.

La quema de combustibles fósiles ha llevado a una acumulación preocupante de gases de efecto invernadero en la atmósfera. El resultado: un calentamiento global sin precedentes, con efectos en los patrones y eventos climáticos extremos que amenazan a comunidades en todo el mundo.

Deforestación
Durante el gobierno de Bolsonaro, la deforestación del Amazonas creció 73%.

Pero la contaminación no se detiene ahí. Nuestras reservas de aguas también sufren las consecuencias de la negligencia. La descarga de residuos industriales sin tratamiento, en ríos, lagos y océanos, ponen en peligro la vida acuática y la salud humana.

La sobreexplotación pesquera es otra preocupación. La pesca excesiva y no sostenible ha llevado al agotamiento de poblaciones de peces y ha desestabilizado ecosistemas acuáticos enteros, amenazando la seguridad alimentaria y la supervivencia de muchas especies marinas. También debe considerarse que la situación de mares y océanos está enormemente agravada por el nocivo descarte pesquero ilegal de cientos de miles de toneladas de residuos y capturas indeseadas, que contaminan los mares de todo el mundo y muy particularmente nuestra costa atlántica por la falta absoluta de controles.

La agricultura intensiva también ha dejado su huella tóxica. El uso de pesticidas y fertilizantes químicos ha contaminado alimentos, suelos y aguas tanto de superficie como subterráneas, poniendo en riesgo la salud humana y la biodiversidad

Y si pensábamos que la situación no podía empeorar, el uso descontrolado de plásticos ha llevado a la acumulación de residuos en lagos, lagunas, océanos y tierras, causando daños a la vida marina y al medio ambiente en general.

La explotación minera, la extracción de hidrocarburos, particularmente los obtenidos por fracking, la urbanización desenfrenada, el sobreconsumo y el desperdicio masivo de recursos continúan sumando presión sobre nuestro planeta, amenazando su equilibrio y la supervivencia de muchas especies.

La pérdida de biodiversidad, el declive de numerosas especies y la alteración de ecosistemas vitales ponen en riesgo nuestro planeta y su capacidad para proporcionar servicios esenciales para la vida.

La crisis climática ya es una realidad que no podemos ignorar y se ha convertido en una prioridad estratégica de máxima importancia. Cada día que pasa sin una acción decidida, el daño se profundiza y las consecuencias se vuelven más graves. Nuestro planeta está en un punto de inflexión y la ventana para actuar se estrecha.

El legado de Perón nos recuerda la importancia de una acción mancomunada internacional para revertir este proceso de destrucción del equilibrio planetario y resurge con una voz renovada en la lucha por la preservación de nuestro hogar común, la Tierra. Líderes políticos y empresariales de todo el mundo deben responder al llamado de la ciencia y de la juventud, adoptando medidas concretas y eficaces para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, proteger la biodiversidad y promover un desarrollo sustentable.

En este sentido, en la Cumbre de la Amazonía, los presidentes y ministros de ambiente que comparten el Bioma Amazónico asumieron compromisos políticos enfocados a revertir el deterioro acelerado de la Amazonía y trabajar por su restauración hacia el 2030.  Bajo el liderazgo del presidente brasileño Lula, y el colombiano Petro, se acordó una postura unificada sudamericana para que las naciones ricas financien el mantenimiento de las selvas para detener el dramático proceso de cambio climático. También se destacó el objetivo de reforzar la cooperación en la lucha contra los delitos medioambientales y frenar la deforestación y la contaminación en un esfuerzo regional.

«Vamos a seguir reclamando dinero a las naciones ricas por la compensación para mantener la selva en pie y sostener las funciones ecosistémicas de un sistema y el desarrollo económico sostenible de las millones de personas que viven en la selva amazónica. Seremos duros con la deforestación y queremos que la nueva industrialización verde se dé en el Amazonas», dijo Lula ante corresponsales extranjeros en Brasil.

La educación ambiental: desmontando mitos en la lucha contra la crisis climática

En la crisis climática mundial, la educación emerge como defensa contra los mitos contemporáneos promoviendo una comprensión profunda del equilibrio ecológico, tensionando las posiciones individualistas y consumistas y cultivando una conciencia ecológica.

Fomentar una educación ambiental crítica requiere cuestionar información, confrontando datos con objetividad y diversificando las fuentes. Desde una perspectiva de enseñanza de los derechos humanos, es posible recuperar lazos de cooperación y solidaridad, centrándonos en la protección compartida del medio ambiente para futuras generaciones.

En nuestro país, la ley 27621 garantiza el derecho a una educación ambiental integral estableciendo que es una política pública nacional. El gobierno se compromete a asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso a una educación responsable y sostenible en relación con el medio ambiente instrumentando acciones y programas, particularmente, incluyendo los saberes y conocimientos medioambientales en los planes de estudio de todos los niveles.

Conocido por ser negacionista del cambio climático, Javier Milei, candidato de La Libertad Avanza (LLA), ha manifestado que “El calentamiento global es otra de las mentiras del socialismo”. Esta postura implica una amenaza para el proceso de transición ecológica. El negacionismo ambiental es una realidad social en crecimiento, donde individuos rechazan la realidad medioambiental basados en pensamiento mágico y evasión de verdades incómodas. Esto impide acciones urgentes a niveles personal, comunitario y global y paraliza medidas necesarias para enfrentar los problemas ambientales.

Como contrapartida, Perón, Lula y Thunberg, figuras icónicas en su época, nos recuerdan que la lucha por el medio ambiente y el bienestar de las generaciones futuras no conoce fronteras ni limitaciones. “Quiero llevar el tema climático a las escuelas públicas, para que nuestros niños puedan ayudar a crear conciencia en sus familias”, afirmó Lula.

Es hora de unirnos intergeneracionalmente en esta causa común y dejar un legado de responsabilidad y compromiso con nuestro planeta y su inigualable biodiversidad. El tiempo para actuar es ahora.

Fuente: Tiempo Argentino