Tener riqueza no alcanza: las lecciones que Chile aprendió hace años y en Argentina todavía se discuten

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Chile exporta cada año por minería un monto equivalente a todo el complejo agroindustrial argentino. La diferencia no está debajo de la Cordillera de los Andes. Está por encima de ella: en las decisiones políticas, la infraestructura, la estabilidad institucional y la capacidad de sostener un proyecto de desarrollo durante décadas.

Una mina, una ruta… y una pregunta molesta

Una nota publicada este domingo por La Nación, titulada Viaje a la mina de cobre más grande del mundo: las lecciones que la Argentina todavía tiene que aprender, relata la visita de un grupo de periodistas a Escondida, en el desierto de Atacama, la mayor mina de cobre del planeta.

La crónica describe un recorrido de casi tres horas por una ruta asfaltadasin un solo pozo”, acompañada permanentemente por líneas de alta tensión, parques solares y aerogeneradores. El destino es una operación minera gigantesca que comenzó a producir en 1991 y que todavía tiene por delante alrededor de ochenta años de vida útil.

No es una nota sobre minería. Es una nota sobre cómo un país transforma sus recursos naturales en riqueza.

Y esa es una discusión que Argentina no puede seguir postergando.

No alcanza con tener cobre

Muchas veces el debate argentino gira alrededor de una idea simplificada: “Tenemos Vaca Muerta”, “Tenemos litio”, “Tenemos cobre”. Todo eso es cierto. Pero también es insuficiente.

Los recursos naturales, por sí solos, no generan desarrollo. Hace falta infraestructura. Hace falta capital. Hace falta estabilidad. Hace falta financiamiento. Hace falta tecnología.

Y, sobre todo, hacen falta reglas de juego que permanezcan durante décadas. Chile entendió eso hace más de treinta años. Argentina recién está comenzando.

La diferencia no está en la montaña

La Cordillera es la misma. Los yacimientos muchas veces son compartidos. Las condiciones geológicas son similares. Lo que cambió fue la decisión política.

Mientras Chile desarrolló durante más de tres décadas caminos pavimentados, líneas de alta tensión, puertos especializados, plantas desalinizadoras y sistemas logísticos pensados para la minería, Argentina recién comienza a construir buena parte de esa infraestructura.

La propia nota de La Nación muestra ese contraste.

Para llegar a Escondida se recorren rutas asfaltadas acompañadas por infraestructura energética permanente.

Para llegar al proyecto Vicuña, en San Juan, todavía existen largos tramos de ripio y buena parte de la energía utilizada proviene de grupos electrógenos alimentados con gasoil.

No porque los proyectos argentinos sean malos. Sino porque están comenzando un camino que Chile inició hace más de treinta años. Esa diferencia temporal explica mucho más que cualquier comparación simplista.

Las inversiones no llegan para un gobierno

Hay otro dato que merece atención.

La empresa australiana BHP, operadora de Escondida, es la misma compañía que en 2024 adquirió el 50 % del proyecto Vicuña en Argentina, una de las mayores apuestas cupríferas del país.

Ninguna empresa minera invierte miles de millones de dólares pensando en el próximo trimestre. Ni siquiera en el próximo gobierno. Lo hace pensando en los próximos treinta o cuarenta años.

Por eso estas inversiones también constituyen una señal de confianza sobre el rumbo que puede seguir la economía argentina si logra sostener reglas estables y previsibles.

En un contexto donde ya comienzan a aparecer las especulaciones políticas de cara a las elecciones presidenciales del año próximo, este tipo de decisiones empresariales muestran que el mundo observa mucho más que una elección: observa la capacidad de un país para sostener un rumbo.

La provocadora frase de Sturzenegger

Durante el 61° Coloquio de IDEA, realizado en octubre de 2025, Federico Sturzenegger sorprendió al auditorio con una frase deliberadamente provocadora.

Dijo que los argentinos éramos “unos pelotudos” por observar cómo Chile explotaba desde hacía décadas los mismos recursos minerales existentes al otro lado de la cordillera sin haber sido capaces de desarrollar plenamente ese potencial.

Más allá del tono utilizado, la frase apuntaba a una realidad difícil de discutir. No estamos hablando de recursos que no existen. Estamos hablando de oportunidades que durante muchos años el país decidió no aprovechar.

Vaca Muerta, el cobre y una misma enseñanza

Hace pocos días, desde LVD analizábamos el fenómeno de Vaca Muerta.

La principal conclusión era que la riqueza natural constituye apenas el punto de partida.

Después viene todo lo demás. La infraestructura. Los oleoductos. Los gasoductos. Las rutas. Los puertos. Las líneas eléctricas. Las inversiones privadas. El financiamiento. La estabilidad macroeconómica. La seguridad jurídica.

Todo aquello que transforma una riqueza potencial en riqueza efectiva. El cobre plantea exactamente el mismo desafío.

Competitividad también es no poner obstáculos

Mientras Argentina intenta convertirse en un actor relevante en minería y energía, durante este fin de semana trascendió la posibilidad de que la provincia de La Pampa analizara aplicar una tasa especial a los camiones de gran porte que circulan hacia Vaca Muerta argumentando el deterioro de las rutas.

Más allá de cómo evolucione esa iniciativa, el episodio vuelve a mostrar una tensión recurrente.

Cuando un país intenta atraer inversiones de largo plazo, cada nuevo costo, cada nueva tasa y cada nueva incertidumbre forman parte del análisis que realizan quienes deben decidir dónde invertir miles de millones de dólares.

La competitividad no depende únicamente de una empresa. Es el resultado de cientos de decisiones públicas y privadas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Misiones?

Mucho más de lo que parece. Con frecuencia aparecen voces que sostienen que las grandes inversiones en minería, petróleo o gas benefician únicamente a las provincias donde se desarrollan. Es una mirada demasiado corta.

Cuando Argentina exporta más, ingresan más divisas.

Cuando ingresan más divisas, mejora la estabilidad macroeconómica.

Cuando mejora la estabilidad, aparecen nuevas inversiones, mayor actividad económica y mejores oportunidades para empresas de todo el país.

Misiones no necesita tener una mina de cobre para beneficiarse de una Argentina que exporte más, atraiga más inversiones y fortalezca su economía.

Lo que necesita es prepararse para integrarse a ese nuevo escenario con mayor competitividad, mejor infraestructura y una estrategia de desarrollo capaz de aprovechar las oportunidades que generen esos cambios.

El verdadero debate

En los próximos meses será inevitable que la discusión política quede dominada por las elecciones presidenciales de 2027. Es lógico. Pero sería un error que el ruido electoral nos hiciera olvidar una pregunta mucho más importante.

¿Qué país queremos construir durante las próximas décadas?

Uno que continúe creando condiciones para atraer inversiones capaces de transformar recursos naturales en desarrollo.

O uno que vuelva a discutir modelos que ya demostraron sus límites.

Chile comenzó ese camino hace más de treinta años. Argentina parece haber decidido iniciarlo recién ahora. La riqueza está. La oportunidad también.

Lo que todavía seguimos discutiendo es si tendremos la capacidad de sostener, durante décadas, las condiciones necesarias para convertir esa riqueza en desarrollo.


Fuentes

  • La Nación. “Viaje a la mina de cobre más grande del mundo: las lecciones que la Argentina todavía tiene que aprender”, 3 de agosto de 2026.
  • Información pública sobre el proyecto Vicuña (BHP–Lundin Mining).
  • Declaraciones de Federico Sturzenegger durante el 61° Coloquio de IDEA (17 de octubre de 2025).