Argentina volvió a retroceder en las pruebas PISA y, como ocurre cada vez que se conocen malos resultados educativos, comenzó la discusión sobre quién tiene la culpa. Pero la serie lleva décadas y atraviesa gobiernos de todos los signos. Tal vez haya llegado el momento de cambiar la pregunta: menos buscar responsables en el pasado y más asumir responsabilidades hacia el futuro.
Primero, ¿qué son las pruebas PISA?
PISA es una evaluación internacional organizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que se realiza periódicamente desde el año 2000. Evalúa a una muestra representativa de estudiantes de aproximadamente 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias.
No busca solamente saber cuánto recuerdan los alumnos de los contenidos escolares. Su propósito central es conocer qué pueden hacer con lo que aprendieron: comprender un texto, resolver un problema matemático, interpretar información científica, razonar y aplicar conocimientos ante situaciones nuevas.
En PISA 2025 participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. En Argentina fueron evaluados 11.093 alumnos de 412 escuelas. Los resultados se expresan mediante puntajes y niveles de desempeño, y permiten comparar sistemas educativos y seguir su evolución a lo largo del tiempo.
Por eso, más importante que el puesto en un ranking es observar qué proporción de estudiantes alcanza las competencias consideradas mínimas y si el país mejora o empeora con el paso de los años.
Argentina volvió a retroceder
Los números de PISA 2025 son contundentes: Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. En las tres áreas quedó octava entre los 13 países latinoamericanos participantes.
El dato más preocupante aparece en Matemática: el 76% de los estudiantes argentinos no alcanzó el nivel mínimo esperado. En 2022 había sido el 73%; en 2018, 69%; en 2012, 66%; y en 2006 y 2009, 64%.
En Lectura, el 59% quedó por debajo del nivel mínimo. Esto no significa que esos adolescentes “no sepan leer”, sino que presentan dificultades para comprender, relacionar e interpretar textos con el grado de complejidad esperado para su edad.
En Ciencias ocurrió algo similar: el 59% tampoco alcanzó el nivel mínimo, frente al 26% del promedio de los países de la OCDE. En las tres disciplinas Argentina obtuvo resultados inferiores a los de 2022.
Un problema que viene de lejos
LVD ya había abordado este tema en diciembre de 2023, cuando se conocieron los resultados de PISA 2022. Entonces advertíamos que 7 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzaban los niveles básicos en Matemática. Hoy son casi 8 de cada 10.
Hay, por lo tanto, una continuidad que debería preocupar más que cualquier resultado aislado. En Matemática, el porcentaje de alumnos que no alcanza el nivel mínimo pasó del 64% en 2006 al 76% actual. La tendencia atraviesa gobiernos de distinto signo político.
Y existe otro elemento fundamental para interpretar los números: PISA evalúa una trayectoria educativa, no un gobierno. Los adolescentes examinados en 2025 llegaron a los 15 años después de atravesar más de una década dentro del sistema educativo argentino. Lo que saben —y lo que no saben— es consecuencia de aprendizajes acumulados durante años, en la escuela primaria y secundaria.
La culpa es nuestra
Hace algunos años, en una cena con antiguos compañeros de mi escuela secundaria en Mar del Plata, varios de ellos docentes y directivos que habían dedicado prácticamente toda su vida a la educación, surgió una discusión sobre el deterioro de la escuela argentina.
Les planteé entonces una reflexión que, debo reconocer, no tuvo demasiado éxito entre mis amigos. Les dije que quizás había llegado el momento de dejar de buscar siempre un responsable anterior.
Nuestra generación había pasado cuarenta o cincuenta años trabajando, gobernando, enseñando, dirigiendo instituciones y participando de la vida pública. Muchos estaban jubilándose después de haber desarrollado toda su carrera dentro del sistema educativo.
Por lo tanto, si al final de ese recorrido la educación argentina mostraba los resultados que estábamos viendo, alguna responsabilidad también debía pertenecernos. No alcanzaba con seguir adjudicándola al gobierno militar, a la represión, a las intervenciones universitarias, a los gobiernos democráticos que vinieron después, a la derecha, a la izquierda o al último ministro de Educación.
En algún momento había que admitir algo mucho más sencillo y mucho más difícil: la culpa también era nuestra.
Mis amigos no estuvieron demasiado de acuerdo. Seguimos discutiendo y, por suerte, seguimos siendo amigos. Hoy, varios años después, los resultados de PISA vuelven a poner aquella conversación sobre la mesa.
Y nuevamente apareció la política
El Gobierno nacional reaccionó a los resultados sosteniendo que reflejan principalmente aprendizajes acumulados durante las gestiones anteriores y puso el foco en que los jóvenes evaluados comenzaron su trayectoria escolar muchos años antes de la actual administración.
Desde sectores opositores, en cambio, se cuestionan las políticas educativas actuales, el financiamiento y el ajuste presupuestario, adjudicando también responsabilidades al gobierno de Javier Milei.
Ambas discusiones contienen aspectos que merecen analizarse. Pero los números muestran algo difícil de encerrar dentro de una sola administración: el deterioro educativo argentino lleva muchos años y atravesó gobiernos de diferentes orientaciones políticas.
Quizás la discusión debería ser otra
PISA no determina por sí sola la calidad completa de un sistema educativo y sus rankings tampoco deberían transformarse en una competencia deportiva entre países. Pero cuando distintas evaluaciones, realizadas durante muchos años, comienzan a mostrar persistentemente el mismo problema, resulta difícil ignorarlas.
Uno de los análisis citados a partir de los resultados señala una diferencia importante respecto de los países que consiguieron mejores desempeños: la educación aparece como una prioridad sostenida en la agenda pública. Esa prioridad luego se traduce en políticas y reformas que sobreviven a los cambios de gobierno.
| Los chicos que rendirán PISA dentro de una década probablemente ya estén hoy sentados en alguna escuela primaria argentina. Y esos resultados también se están construyendo ahora. |
Tal vez allí esté la cuestión central. Argentina lleva demasiado tiempo discutiendo quién tiene la culpa de la educación que tenemos, cuando debería empezar a discutir seriamente qué educación queremos tener dentro de diez o veinte años.
Fuentes
• OCDE – PISA 2025.
• Ámbito – “Los preocupantes resultados de las pruebas PISA 2025: 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan el nivel mínimo en Matemática”.
• Argentinos por la Educación.
• Secretaría de Educación de la Nación.
• La Voz Disruptiva – antecedente publicado el 5 de diciembre de 2023: “Pruebas PISA en Argentina: 7 de cada 10 estudiantes no logra niveles básicos en Matemática”.
