El 12 de agosto de 1806 Buenos Aires recuperó la ciudad que durante 49 días había permanecido ocupada por tropas británicas. No fue solamente una victoria militar. Soldados, milicianos, voluntarios y vecinos demostraron que una sociedad que todavía no había declarado su independencia podía organizarse, combatir y derrotar a un invasor.
A 220 años, la Reconquista merece recuperar su lugar entre las grandes fechas de nuestra historia.
Una ciudad ocupada
El 27 de junio de 1806 las tropas británicas comandadas por William Carr Beresford ocuparon Buenos Aires. La ciudad quedó durante 49 días bajo dominio británico.
Pero la ocupación estuvo lejos de ser aceptada pasivamente. Mientras Santiago de Liniers organizaba desde Montevideo las fuerzas que intentarían recuperar Buenos Aires, dentro y fuera de la ciudad comenzaba a crecer la resistencia.
Juan Martín de Pueyrredón reunió hombres y combatió en Perdriel. Vecinos conspiraban, conseguían armas y se preparaban. Soldados, marineros, milicianos y voluntarios fueron incorporándose a una fuerza que inicialmente había partido con unos 600 hombres y creció a medida que avanzaba hacia Buenos Aires.
No había todavía una Nación Argentina independiente. Pero comenzaba a manifestarse algo que pocos años después resultaría decisivo: la voluntad de una sociedad de intervenir directamente en su propio destino.
El pueblo entró en combate
El 4 de agosto Liniers desembarcó en Las Conchas —actual Tigre— y comenzó el avance.
El 10 intimó a Beresford a rendirse. El jefe británico decidió resistir.
El 12 de agosto llegó la definición.
Las fuerzas de Liniers avanzaron en columnas sobre el centro de Buenos Aires. Se combatió en las calles, alrededor de la Plaza Mayor, el Cabildo, la Catedral, la Recova y el Fuerte.
Y ocurrió algo extraordinario.
Los pobladores salían de sus casas para colaborar con los combatientes y ayudaban incluso a arrastrar los cañones.
Entre quienes participaron de aquellas acciones aparece además un joven Martín Miguel de Güemes, que intervino en la captura del buque británico Justina, aprovechando una bajante del Río de la Plata.
La resistencia británica terminó concentrándose en el Fuerte.
Rodeado y bajo fuego desde distintos puntos, Beresford comprendió que la batalla estaba perdida.
Los ingleses se rindieron.
Cuando volvió a izarse la bandera española, la multitud reunida en la plaza estalló de júbilo.

Mucho antes del 25 de Mayo
Faltaban casi cuatro años para la Revolución de Mayo de 1810 y diez para la Declaración de la Independencia.
Por eso sería un error leer la Reconquista con categorías políticas que todavía no existían.
Pero también sería un error considerarla simplemente una victoria española frente a Inglaterra.
Algo había cambiado. Los habitantes de Buenos Aires habían comprobado que podían organizarse, armarse y defender la ciudad. Habían participado de una victoria que no llegó exclusivamente desde las autoridades ni desde un ejército profesional.
Habían descubierto la fuerza de su propia decisión colectiva.
Un año después volverían a demostrarlo frente a una segunda invasión británica.
Y pocos años más tarde aquella sociedad sería protagonista de acontecimientos que terminarían modificando para siempre la historia del Río de la Plata.
Sin penas ni olvidos
Tal vez hemos permitido que demasiadas discusiones posteriores nos alejen de una historia que debería unirnos mucho más de lo que nos divide.
No hace falta convertir la Reconquista en una bandera contra nadie.
Tampoco juzgar a aquellos hombres con las categorías políticas del presente.
Hace falta algo mucho más sencillo: reconocer lo que hicieron.
El 12 de agosto de 1806 hubo hombres y mujeres que se negaron a aceptar pasivamente que una potencia extranjera decidiera sobre su ciudad. Hubo vecinos que abandonaron sus casas, combatientes improvisados, soldados, marineros, sacerdotes y milicianos que participaron de una resistencia extraordinaria. Hubo héroes que dieron su sangre!
Y hubo finalmente, como producto de todo ello, una potencia militar derrotada y obligada a rendirse.
Dos siglos después, cuando la cuestión de Malvinas sigue recordándonos que la soberanía no es una palabra antigua ni abstracta, aquella jornada adquiere una resonancia especial.
No para alimentar resentimientos.
Para recuperar memoria.
Porque un país también se construye reconociendo aquellos momentos en que su gente fue capaz de dejar diferencias de lado, defender lo que consideraba suyo y actuar unida.
El 12 de agosto de 1806 fue uno de esos días.
Y quizá haya llegado el momento de volver a celebrarlo como lo que fue: una de las grandes jornadas patrióticas de nuestra historia.
Recuerdo, agradecimiento y respeto a nuestros héroes!
Fuentes:
- Infobae Historia, “A 220 años de la Reconquista de Buenos Aires: los encarnizados combates en la ciudad y el plan para provocar la huida de Beresford”, 12 de agosto de 2026.
- La publicación se basa, entre otras obras, en testimonios de Alejandro Gillespie y Juan Manuel Beruti y trabajos de Paul Groussac y Bernardo Lozier Almazán.
