La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses marca un punto de quiebre histórico en la crisis venezolana. Entre una intervención militar inédita, reacciones internacionales contrapuestas y un futuro cargado de incertidumbre, el escenario abre interrogantes profundos sobre la transición política y el orden regional.

Una operación sin precedentes
En la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar de gran escala en territorio venezolano que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su traslado fuera del país. La acción, confirmada públicamente por el presidente Donald Trump, combinó bombardeos selectivos y una incursión terrestre de fuerzas especiales, en el marco de una ofensiva que Washington justificó bajo cargos de narcoterrorismo y crimen organizado.
Según la información difundida por la fiscal general estadounidense, Maduro enfrenta en Nueva York acusaciones por conspiración narcoterrorista, tráfico de cocaína y posesión de armamento pesado contra los Estados Unidos. Los ataques se concentraron en objetivos militares y logísticos clave —como Fuerte Tiuna, la base aérea de La Carlota y el puerto de La Guaira— provocando cortes de energía y un clima de confusión generalizada en Caracas y zonas aledañas.
Desde el gobierno venezolano, la reacción fue inmediata: se denunció una “gravísima agresión militar”, se activaron planes de defensa interna y se llamó a la movilización de milicias, mientras la estructura del régimen quedaba visiblemente desarticulada.
Reacciones internacionales y la postura argentina
La intervención generó una ola de respuestas en la región y el mundo. Gobiernos como los de Colombia, Cuba e Irán condenaron la operación por violación a la soberanía venezolana y reclamaron la intervención de organismos multilaterales. En contraste, sectores de la oposición venezolana interpretaron la captura como la consecuencia inevitable del cierre sistemático de las vías democráticas tras los procesos electorales fallidos de 2024 y 2025.
En la Argentina, el presidente Javier Milei celebró la noticia con un mensaje contundente en redes sociales -“La libertad avanza. Viva la libertad, carajo”- ratificando una postura que ya había sido explícita en sus críticas al régimen chavista, al que calificó en reiteradas ocasiones como una dictadura atroz e inhumana.
La lectura del periodista Nelson Castro: fin del régimen, no del problema
Más allá de la secuencia de los hechos, el análisis aporta matices claves. Nelson Castro, en diálogo con Radio Rivadavia, comparó la captura de Maduro con la caída de Manuel Noriega en Panamá a comienzos de los años noventa. Para Castro, el operativo marca “el fin del régimen”, aunque no garantiza una transición inmediata ni ordenada.
Su advertencia central apunta a la profundidad del problema institucional venezolano: “el chavismo no solo gobernó, sino que colonizó el Estado. Todo lo que es el Estado en Venezuela es chavista”, sostuvo, señalando que cualquier proceso de reconstrucción exigirá una depuración profunda de la administración pública, las fuerzas armadas y las redes de corrupción vinculadas al petróleo.
Castro destacó además un elemento decisivo: la participación de sectores de las propias fuerzas venezolanas en la caída del régimen, impulsadas por el desgaste económico, el aislamiento internacional y el quiebre definitivo de legitimidad tras el fraude electoral. En ese marco, concluyó que la intervención fue, a su juicio, la única salida posible frente a un sistema que utilizó el diálogo y las negociaciones solo como mecanismos de supervivencia política.
Un final incierto
Mientras Maduro aguarda su juzgamiento en los Estados Unidos, Venezuela ingresa en una etapa de máxima incertidumbre. La caída del líder no implica automáticamente la reconstrucción institucional ni la pacificación social. El desafío será desarmar un entramado de poder que se sostuvo durante décadas y evitar que el vacío derive en nuevas formas de autoritarismo o fragmentación.
Lo ocurrido no solo redefine el futuro venezolano: interpela a toda la región sobre los límites de la soberanía, la legitimidad de las intervenciones externas y el costo de haber tolerado, durante años, regímenes que clausuraron la democracia desde adentro.
Fuente: NA/LVD/redes
