Un Gobierno que ajusta su estrategia tras las derrotas, una oposición sin conducción y un sistema de partidos en transformación. Malamud, en un reciente reportaje a La Nación +, ofrece un diagnóstico preciso del nuevo mapa político argentino.

Organización oficialista y fragmentación opositora
Malamud señala que el Gobierno exhibe una combinación poco frecuente: arrogancia en la victoria y humildad en la derrota. Esa humildad potencia su capacidad de adaptación. El relanzamiento del Gabinete refleja esa lógica: cuando necesita cambiar, cambia.
Tras las legislativas, el escenario se ordena en el oficialismo y se dispersa en la oposición. Las viejas estructuras provinciales ya no articulan liderazgos nacionales y los gobernadores han perdido peso para producir un candidato competitivo.
Hegemonía violeta
El analista describe una etapa de hegemonía violeta: Milei no enfrenta rivales inmediatos porque la mayoría de los gobernadores quedaron debilitados y el peronismo carece hoy de un candidato natural. Esa falta de conducción impide reordenar la oposición y amplía el margen político del oficialismo.
La economía como variable decisiva
Para Malamud, la economía es la gran variable electoral. Milei avanza políticamente porque aún no enfrenta un derrumbe económico. En América Latina, recuerda, la reelección solía ser la norma hasta 2015; luego se volvió la excepción. El humor económico —y también la suerte— define el rumbo.
Las derrotas de Macri, Trump y Alberto Fernández ilustran esa lógica. “En Argentina, cuando la economía se cae, todo se cae con ella”, resume.
El clima mediático y las percepciones
El clima mediático, afirma, altera percepciones clave del electorado. El narcoescándalo que involucró a Espert terminó beneficiando al Gobierno: su salida generó apoyo social al oficialismo.
Espert criticaba las candidaturas testimoniales, pero los resultados mostraron otra realidad: él quedó afuera y Santilli sí terminó siendo testimonial.
Aprender de ganar y de perder
Malamud destaca un punto sensible: ganar la Ciudad de Buenos Aires generó un problema interno. El oficialismo leyó mal la realidad y un mes después perdió por 15 puntos en la Provincia. Paradójicamente, esa derrota se convirtió en un aprendizaje político relevante.
Fuente: La Nación + / La Nación y medios digitales
