El Día de la Industria dejó fuertes críticas al Gobierno por la caída de la actividad y el empleo. Pero, detrás de los discursos más duros, apareció una discusión probablemente más importante: si la Argentina decidió abrir su economía, deberá construir al mismo tiempo las condiciones para que sus empresas puedan competir. La UIA propuso siete ejes para atravesar ese “puente” entre la economía que dejamos atrás y una economía verdaderamente competitiva. Desde Misiones también llegaron advertencias y propuestas.
El Día de la Industria encontró este año a buena parte del sector manufacturero argentino atravesando un momento difícil y, como era previsible, los discursos estuvieron cargados de reclamos hacia el Gobierno nacional.
Algunos fueron particularmente duros.
Guillermo Moretti, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), directamente acusó al Gobierno de llevar adelante una política de “desindustrialización” y cuestionó con términos muy fuertes al equipo económico. También vinculó el futuro industrial con la educación técnica, las universidades, el CONICET y el INTI.
Pero probablemente el discurso más interesante para intentar comprender la discusión que viene haya sido el del presidente de la UIA, Martín Rappallini.
Fue crítico, pero bastante menos confrontativo. Y, sobre todo, procuró transformar el diagnóstico en propuestas.
Su planteo podría resumirse en una idea: la estabilización de la economía es indispensable, pero no alcanza.
“La economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad”.
La industria, según los números expuestos por la UIA, produce actualmente alrededor de un 10% menos que en 2022, algunos sectores acumulan caídas de entre 25% y 30% y desde agosto de 2023 se perdieron aproximadamente 90.000 empleos asalariados registrados.
Un puente entre dos economías

Rappallini utilizó una imagen interesante: Argentina necesita construir “un puente” entre la economía que está dejando atrás y una economía competitiva.
No propuso cerrar nuevamente la economía. Tampoco cuestionó la necesidad de competir internacionalmente.
Por el contrario, afirmó que “la industria compite con el mundo” y organizó ese puente alrededor de siete cuestiones concretas: actividad y crédito; competitividad y costo argentino; competencia desleal; energía; morosidad; infraestructura; y modernización laboral y litigiosidad.
Vale la pena repasarlas porque seguramente formarán parte de la discusión económica y política de este año electoral.
1. Recuperar actividad y crédito
La primera preocupación es evitar que durante el proceso de estabilización desaparezcan empresas y capacidades productivas que después resultará muy difícil reconstruir.
Para eso la UIA reclama recuperar el crédito destinado al capital de trabajo, la inversión, la vivienda y el consumo.
La idea es sencilla: que el ahorro vuelva a transformarse en inversión y que la estabilidad macroeconómica finalmente pueda convertirse en crecimiento, producción y empleo.
2. Bajar el “costo argentino”
Probablemente aquí esté el corazón de la discusión.
Una empresa argentina abierta a la competencia internacional no compite solamente con otra empresa. Compite contra todo el sistema económico del país donde esa otra empresa produce.
Impuestos, regulaciones, costos financieros, logística, infraestructura, energía y estabilidad de las reglas terminan incorporándose al precio del producto.
Rappallini lo sintetizó de una manera particularmente clara: “Ya no compiten solamente las empresas: compiten los sistemas productivos de los países”.
La UIA propone por eso un Pacto Fiscal Industrial Federal que comprometa a Nación, provincias y municipios a reducir gradualmente impuestos acumulativos como Ingresos Brutos, Sellos, tasas municipales y otros gravámenes que terminan formando parte del costo de producción.
Es un planteo que merece especial atención desde Misiones. Porque si las empresas deben competir internacionalmente, la competitividad deja de ser exclusivamente responsabilidad del empresario y pasa a ser también responsabilidad del sistema dentro del cual produce.
3. Apertura sí, competencia desleal no
Otro punto interesante es la diferenciación que hace la UIA entre apertura económica y competencia desleal.
Una economía abierta supone competir. Pero dumping, subsidios extranjeros, contrabando, subfacturación, informalidad o mercaderías importadas sometidas a exigencias diferentes de las que debe cumplir la producción nacional constituyen otra cosa.
Para Rappallini, allí el Estado no debe retirarse sino hacer cumplir reglas iguales para todos.
4. Convertir la energía en una ventaja competitiva
Argentina posee enormes recursos energéticos.
La pregunta industrial es si esa abundancia servirá solamente para exportar petróleo y gas o también permitirá producir bienes argentinos competitivos.
La UIA plantea garantizar abastecimiento, infraestructura y energía a precios competitivos en todo el territorio nacional.
En otras palabras: Vaca Muerta podría ser no solamente una fuente de dólares sino una ventaja para producir desde la Argentina hacia el mundo.
5. Resolver la morosidad sin destruir empresas
Las altas tasas de interés y la caída de actividad dejaron numerosas empresas —especialmente pymes— endeudadas con bancos y organismos fiscales.
La UIA propone mecanismos para refinanciar esas obligaciones, suspender excepcionalmente embargos en determinados casos y acelerar la devolución de saldos fiscales a favor.
No como subsidio permanente, sino como mecanismo para evitar que problemas transitorios de liquidez terminen convirtiéndose en cierres definitivos.
6. Infraestructura también es competitividad
Rutas deterioradas, puertos lentos, una red ferroviaria insuficiente, falta de redes eléctricas y gasoductos, mala conectividad y pasos fronterizos ineficientes también forman parte del precio final de cualquier producto.
La UIA propone acelerar inversiones mediante concesiones, licitaciones y asociaciones público-privadas, pero también admite inversión pública allí donde el sector privado no pueda realizar por sí mismo las obras necesarias.
Nuevamente, es un punto especialmente sensible para provincias alejadas de los grandes centros de consumo y de los puertos, como Misiones.
7. Modernizar las relaciones laborales
El último eje es laboral. La UIA considera que las reformas recientes abren una oportunidad, pero sostiene que ahora deben trasladarse efectivamente a las empresas.
Eso supone modernizar convenios colectivos diseñados hace décadas y reducir la litigiosidad laboral, buscando mayor previsibilidad para contratar trabajadores e invertir.
Una diferencia importante
Quizás lo más significativo del planteo de Rappallini sea aquello que no pidió. No reclamó simplemente volver atrás.
Defendió la necesidad de competir, valoró instrumentos como el RIGI y el Súper RIGI y sostuvo que “no corresponde al Estado decidir cuáles sectores económicos tienen futuro y cuáles no“. Su reclamo fue que las condiciones de competitividad reconocidas para las grandes inversiones también alcancen al resto del entramado productivo.
Ahí aparece una discusión bastante más profunda que la tradicional confrontación entre “industria nacional” y “apertura”.
¿Estamos dispuestos a abrir la economía y, al mismo tiempo, eliminar los costos internos que durante décadas hicieron necesario protegerla?
Porque abrir sin transformar esos costos puede destruir empresas. Pero mantener indefinidamente una economía cerrada para compensarlos tampoco parece una solución.
La mirada desde Misiones
El presidente del Movimiento Industrial Misionero (MIM), Gerardo Grippo, también describió una situación difícil, pero hizo una observación interesante: sostuvo que es necesario “salir del diagnóstico y empezar a formular una propuesta”.
Reclamó una producción capaz de incorporar ciencia, tecnología, inversión y capacidades propias, y aclaró expresamente que el sector no está en contra de la inversión sino que pretende inversiones productivas que generen empleo y mejores condiciones de vida.
Grippo cuestionó además lo que considera una disparidad entre los beneficios otorgados a grandes inversiones mediante el RIGI y las condiciones que enfrenta la industria existente, y expresó preocupación por el impacto de la apertura importadora sobre sectores como textiles, neumáticos y construcción.
Hay diferencias importantes entre esa mirada y algunas de las políticas que impulsa el Gobierno nacional. Pero también existe un punto de encuentro que vale la pena observar: ya no alcanza con discutir protección o apertura. Hay que discutir competitividad.
Una discusión que recién comienza
El Día de la Industria dejó cifras preocupantes, discursos duros y una evidente tensión entre empresarios industriales y el Gobierno.
Pero también dejó algo posiblemente más útil. Una agenda. Crédito. Impuestos. Regulaciones. Energía. Infraestructura. Competencia leal. Relaciones laborales.
Son temas que exceden largamente a la industria y probablemente atraviesen buena parte de la discusión económica del año electoral.
Argentina comenzó a abrir una economía que permaneció durante décadas protegida por aranceles, regulaciones y restricciones. Si ese camino continúa, inevitablemente aparecerá una segunda etapa de la discusión: qué debe cambiar dentro de la Argentina para poder competir con aquello que dejamos entrar desde afuera.
Tal vez allí esté el verdadero “puente” del que habló la UIA. No necesariamente regresar a la economía que dejamos atrás. Tampoco suponer que abrir las fronteras alcanza por sí solo para construir la que viene.
La competencia internacional puede obligarnos finalmente a discutir algo mucho más incómodo: cuánto del llamado “costo argentino” depende realmente de las empresas y cuánto depende del país que construimos alrededor de ellas.
Fuentes: Elaboración de LVD sobre información publicada por Infobae y El Territorio, 2 de septiembre de 2026.
