El Gobierno volvió a anunciar cierres y unificaciones de Registros del Automotor. La noticia puede producir una sensación de repetición: desde 2024 se habla de digitalización, eliminación de oficinas y trámites desde cualquier lugar del país. Sin embargo, detrás de esos anuncios existe una transformación bastante más compleja. Se avanzó en normas, reducción de costos, digitalización y eliminación de dependencias, pero el viejo sistema todavía está lejos de desaparecer.
La noticia volvió a aparecer esta semana: el Gobierno dispuso una nueva reorganización de los Registros del Automotor de todo el país.

A primera vista, el anuncio parece contundente. La Resolución 411/2026 habla de cientos de registros alcanzados por unificaciones, supresiones y cierres. Pero cuando se observa en detalle, la situación es bastante más compleja.
No significa que de un día para otro vayan a bajar sus persianas casi 400 oficinas.
La resolución dispuso la unificación de 368 unidades registrales, 14 nuevas supresiones y el cierre operativo de otras 13 que ya habían sido eliminadas administrativamente mediante resoluciones anteriores. Es decir: una cosa es suprimir un registro, otra unificarlo con otro y otra conseguir finalmente que deje de funcionar.
Y esa diferencia ayuda a entender buena parte de lo ocurrido desde que comenzó la reforma.
Una promesa mucho más ambiciosa
Cuando Javier Milei asumió el Gobierno, la propuesta respecto de los Registros del Automotor era bastante más disruptiva que simplemente cerrar algunas oficinas.
El objetivo planteado a partir del DNU 70/2023 era modificar la lógica completa del sistema: avanzar hacia un registro remoto, digital, nacional, abierto y estandarizado, reduciendo la necesidad de concurrir personalmente a una oficina determinada por el domicilio del propietario.
Era un cambio enorme.
A fines de 2023 existían alrededor de 1.557 registros, distribuidos territorialmente, con competencias diferentes y, fundamentalmente, con una enorme cantidad de documentación acumulada durante décadas en soporte físico.
La idea parecía sencilla: si hoy hacemos operaciones bancarias, compramos, vendemos, pagamos impuestos y realizamos innumerables gestiones desde una computadora o un teléfono, ¿por qué para registrar o transferir un automóvil debería seguir siendo indispensable buena parte de aquella estructura?
Pero una cosa era anunciarlo y otra bastante distinta desarmar un sistema construido durante décadas.
El primer plazo no se pudo cumplir
El proyecto original pretendía que para mayo de 2024 existiera una alternativa completamente digital.
No ocurrió.
Federico Sturzenegger insistió posteriormente con la posibilidad de realizar los trámites desde cualquier lugar y terminar con la obligación de concurrir al registro correspondiente a una determinada jurisdicción.
Pero la ventanilla digital única no pudo implementarse con la velocidad prevista.
Allí comenzó una etapa mucho menos atractiva para los titulares periodísticos.
Porque después del anuncio disruptivo viene la parte aburrida de las reformas: modificar normas, digitalizar millones de antecedentes, trasladar archivos, compatibilizar sistemas, reorganizar oficinas y conseguir que mientras todo eso ocurre el sistema siga funcionando.
Y probablemente allí se encuentre hoy la reforma.
El papel resultó ser un enemigo formidable
Una de las principales dificultades fue extraordinariamente concreta: millones de antecedentes de vehículos todavía estaban guardados físicamente en los registros.
A fines de 2024, fuentes oficiales estimaban que aproximadamente el 30% de los expedientes continuaba exclusivamente en papel.
Cerrar indiscriminadamente las oficinas significaba entonces responder una pregunta elemental: ¿qué hacer con toda esa documentación?
Por eso comenzaron a crearse el Legajo Digital Único y el Certificado Digital Automotor, mientras las nuevas operaciones empezaron progresivamente a incorporarse a repositorios digitales.
Incluso este año se dispuso retirar de los registros los legajos que llevan más de 15 años sin movimientos para trasladarlos y concentrarlos bajo custodia de la Dirección Nacional.
No es una medida espectacular.
Pero permite comprender qué significa realmente transformar un sistema burocrático construido durante décadas.
Más de 300 registros ya fueron alcanzados por supresiones
Mientras la digitalización integral se demoraba, el Gobierno comenzó a avanzar por otro camino.
En 2024 se dispuso un primer conjunto de supresiones; en enero de 2025 se agregaron otras 155 y ahora se sumaron 14 más.
Según el relevamiento de Infobae, desde el comienzo del proceso 305 registros fueron alcanzados por decisiones de supresión.
Pero nuevamente aparece una cuestión que explica la confusión: registro suprimido no necesariamente significa registro inmediatamente cerrado.
Algunos continúan funcionando durante la transición; otros transfieren sus competencias; otros se unifican bajo una misma conducción.
De allí que cada algunos meses aparezca nuevamente la noticia de que “cierran registros” que, en algunos casos, ya habían sido alcanzados por decisiones anteriores.
Una modificación importante que pasó casi inadvertida
Quizás uno de los cambios estructurales más importantes haya recibido menos atención que los cierres.
En 2024 se eliminaron los antiguos polígonos territoriales y se estableció la jurisdicción única nacional, abriendo la posibilidad de que los usuarios puedan elegir dónde realizar sus trámites.
Eso apunta directamente contra una característica histórica del sistema: que el propietario quedara prácticamente cautivo del registro correspondiente a su domicilio o al lugar de radicación del vehículo.
Si esa transformación logra completarse y combinarse con la digitalización, la competencia entre registros y finalmente la realización remota de los trámites, probablemente tendrá para el usuario bastante más importancia que el número de oficinas que se anuncie cerrar.
También bajaron algunos costos
Otra parte de la reforma que muchas veces queda perdida entre los anuncios fue la modificación de aranceles.
La inscripción inicial y la transferencia de automotores y motovehículos se llevaron al 1% del valor del vehículo para determinados conceptos incluidos en el trámite, y posteriormente se estableció una reducción adicional del 20% para las inscripciones iniciales realizadas mediante el Registro Único Virtual.
Al mismo tiempo comenzó a funcionar el Registro Único Virtual para determinados vehículos 0 km y posteriormente se amplió la operatoria digital.
Otra vez: avances concretos, pero todavía parciales.
¿Fracasó entonces la reforma?
Probablemente sería apresurado afirmarlo.
Pero también sería equivocado sostener que se cumplió aquello que se anunció originalmente.
La transformación prometida era mucho más rápida y profunda. Dos años y medio después, Argentina todavía conserva buena parte de la estructura física de más de 1.500 registros con la que comenzó el proceso.
La diferencia es que algunas de las bases sobre las cuales funcionaba ese sistema comenzaron a cambiar: jurisdicción nacional, reducción de registros, unificaciones, menores aranceles, legajos digitales, inscripción virtual de determinados vehículos y concentración progresiva de documentación.
En julio de este año el Gobierno incluso lanzó un Plan Nacional de Digitalización y Reorganización Integral del Sistema Registral Automotor, inicialmente concentrado en aproximadamente 200 registros intervenidos.
Puede interpretarse de dos maneras.
Es la evidencia de que la reforma inicial no pudo realizarse con la velocidad prometida.
Pero también es una señal de que no fue abandonada.
La parte aburrida de cambiar el Estado
Hay reformas que pueden hacerse con una resolución y otras que requieren años.
Los Registros del Automotor pertenecen claramente al segundo grupo.
Detrás existen décadas de normas, expedientes físicos, estructuras administrativas, personal, intereses consolidados y una operatoria que no puede simplemente apagarse un viernes para amanecer digitalizada el lunes siguiente.
Y allí aparece nuevamente una característica de las reformas silenciosas que venimos siguiendo desde LVD.
El anuncio inicial genera expectativas. Después llegan los expedientes, las reglamentaciones, los sistemas informáticos, las resistencias y una enorme cantidad de pequeñas decisiones administrativas que casi nunca llegan a las tapas de los diarios.
Es la parte menos atractiva de transformar el Estado. También es aquella en la que se descubre si existe voluntad suficiente para continuar cuando desaparecen los aplausos iniciales.
En el caso de los Registros del Automotor, Sturzenegger parece seguir avanzando en ese camino. Más despacio de lo anunciado, con resultados todavía incompletos y seguramente enfrentando una estructura mucho más difícil de modificar de lo que se imaginó inicialmente.
Para el ciudadano, sin embargo, la medida del éxito debería ser mucho más sencilla.
No importa cuántos registros anuncie cerrar el Gobierno. Importará el día en que comprar, vender o transferir un automóvil sea más simple, más barato y pueda hacerse sin peregrinar por oficinas para cumplir trámites que la tecnología volvió innecesarios.
Ese será el momento de saber si la reforma realmente llegó hasta el final.
Fuente: Elaboración LVD en base a notas publicadas por Infobae los días 31 de agosto y 1 de septiembre de 2026.
