Tabaco 2026: el acopio avanza y ya ingresaron más de $45.000 millones a la economía misionera

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A poco más de un mes del inicio del acopio, la campaña tabacalera 2026 ya supera los 13,5 millones de kilos recibidos en las bocas de compra de Misiones. El volumen representa más de un tercio de la producción estimada para este año y confirma, una vez más, el peso económico del tabaco en la provincia, en un contexto donde otras actividades productivas atraviesan dificultades de rentabilidad.

Un tercio de la cosecha ya ingresó al sistema

Campaña tabacalera 2026 al mes de marzo
Tabaco acopiado (marzo 2026): 13,58 millones de kilos
Avance sobre la zafra estimada: 35,7%
Producción proyectada campaña 2026: 38 millones de kilos
Precio promedio pagado: $3.360 por kilo
Dinero transferido a productores: más de $45.600 millones
Calidad promedio del tabaco recibido: 82,8 puntos

La campaña tabacalera 2026 avanza con un ritmo sostenido en Misiones. Según datos difundidos a mediados de marzo, el acopio de tabaco tipo Burley alcanzó los 13.580.230 kilos, lo que representa el 35,7% del volumen total proyectado para esta campaña, estimado en unos 38 millones de kilos.

Este volumen ya generó un movimiento económico significativo: hasta el momento cooperativas y empresas del sector desembolsaron más de $45.600 millones a los productores, con un precio promedio cercano a $3.360 por kilo.

En un escenario marcado por las dificultades que atraviesan otras producciones regionales —como la yerba mate, el té o la actividad forestal— el tabaco vuelve a aparecer como uno de los principales motores de liquidez en las zonas rurales de Misiones.

Cooperativas y empresas: quién lidera el acopio

La Cooperativa Agroindustrial de Misiones (CTM) encabeza el volumen recibido hasta el momento con más de 4,4 millones de kilos, lo que representa cerca del 36% de su objetivo anual de compra. Solo esta entidad ya transfirió alrededor de $15.000 millones a los productores.

En segundo lugar aparece la empresa MP 03, con más de 3 millones de kilos acopiados y pagos que superan los $10.500 millones. También se destaca AOTA, que registra uno de los mayores porcentajes de avance sobre su meta de compra.

El resto del volumen se distribuye entre empresas y cooperativas como CIMA, BLASA, COTAVI y Panambí, que reciben la producción de miles de familias tabacaleras distribuidas en distintas zonas de la provincia.

Un inicio marcado por protestas

La campaña 2026 no comenzó sin tensiones. El acuerdo de precios alcanzado a comienzos de febrero fijó un valor de referencia cercano a $4.062 por kilo para la categoría B1F, lo que implicó un incremento cercano al 30% respecto de la campaña anterior.

Sin embargo, un grupo de productores autoconvocados —encabezados por Maximiliano Hoff— cuestionó el acuerdo por considerar que el precio no cubría los costos de producción. Durante los primeros días de febrero se registraron bloqueos en el ingreso a la Cooperativa Tabacalera de Alem que demoraron el inicio del acopio.

Tras varios días de tensión, el sistema de recepción se normalizó y el flujo de entregas comenzó a crecer en toda la provincia.

El FET y una deuda pendiente del sector

Al mismo tiempo al avance del acopio, el sector espera para mediados de abril, un nuevo desembolso del Fondo Especial del Tabaco (FET). Este mecanismo ha sido, durante décadas, una pieza central en la economía tabacalera argentina, ya que permite complementar el precio recibido por los productores y financiar programas de asistencia técnica y reconversión productiva.

Sin embargo, el debate que la actividad aún se debe es evaluar con mayor transparencia y profundidad cómo se utilizaron esos recursos a lo largo de tantos años.

Es cierto que hubo inversiones valiosas. La propia planta procesadora de tabaco de Alem —inaugurada durante la presidencia de Raúl Alfonsín— marcó un salto tecnológico fundamental para la actividad, permitiendo pasar de un producto prácticamente artesanal a un tabaco curado, clasificado y procesado con estándares internacionales capaces de competir en los mercados más exigentes.

Dato histórico: el salto tecnológico del tabaco misionero
La planta procesadora de tabaco de Leandro N. Alem fue uno de los hitos del desarrollo tabacalero misionero.
Inaugurada durante la presidencia de Raúl Alfonsín, permitió pasar de un tabaco comercializado en forma rudimentaria a un producto curado, clasificado y procesado con estándares internacionales.
Este salto tecnológico integró a Misiones al mercado global del tabaco y consolidó a la provincia como una las principales productoras del país.

Pero también existieron proyectos financiados con fondos millonarios que no lograron consolidarse del todo. Entre ellos, la planta frigorífica vinculada a un ambicioso programa de producción porcina que fue muy bueno, pero nunca alcanzó la escala prevista en aquellos que la soñaron inicialmente, o la planta empacadora de citrus con su complejo industrial de jugos y esencias, que llegó incluso a exportar fruta fresca a Europa, pero terminó semi desmantelada (y nunca aclarados los motivos ni los responsables) y parcialmente inactiva, o proveyéndola de frutas compradas fuera de la provincia para justificar su funcionamiento, habiendo llevado al fracaso el programa citrícola que había involucrado en plantaciones a miles de colonos de distintas zonas de la provincia.

Estas experiencias muestran que, junto a los avances, también hubo errores costosos financiados con recursos públicos provenientes del FET.

Anticiparse al debate que viene

En este contexto, sería saludable que el propio sector tabacalero -productores, cooperativas, dirigentes gremiales- y también autoridades provinciales- impulse una evaluación seria sobre el uso histórico de esos fondos y los resultados obtenidos.

De lo contrario, no debería sorprender que desde el gobierno nacional se reabra la discusión sobre el funcionamiento del FET y su estructura de gastos. Funcionarios como el ministro Federico Sturzenegger ya han señalado en más de una ocasión la necesidad de revisar programas financiados con recursos públicos, porque debemos decirlo con todas las letras para que nadie se confunda, son recursos públicos provistos por impuestos que pagan los consumidores de tabaco.

Si la actividad quiere preservar un instrumento clave como el Fondo Especial del Tabaco, creado con las mejores intenciones, quizás el mejor camino sea anticiparse a ese debate: revisar lo hecho, corregir lo que no funcionó y demostrar que esos recursos pueden ser utilizados con mayor eficiencia para construir un verdadero futuro productivo para los pequeños colonos.

Fuente: elaboración propia en base a información de MOL, Primera Edición y archivos periodísticos de La Voz Disruptiva.