Tras el éxito legislativo de las sesiones extraordinarias, el presidente exhibe una imagen exultante y consolidada en la “batalla cultural”. Sin embargo, la economía real, el empleo y la fragilidad opositora dibujan un escenario más complejo que el entusiasmo oficial.
Situación económica: crecimiento con sombras
El Gobierno celebra el 4,4% de crecimiento de 2025 informado por el INDEC, el superávit operativo de Aerolíneas Argentinas, el buen desempeño exportador del agro y las prometidas inversiones en el sector energético que significarán ingresos extraordinarios para dentro de pocos años. Sin embargo, el crecimiento fue dispar: impulsado por el campo y las finanzas, con caída en industria y construcción. La inflación, aunque lejos del 211% anual heredado, se mantiene estacionada entre el 2,5% y el 3% mensual desde septiembre.
El cuadro en su conjunto es más complejo: crecimiento agregado, pero pérdida de empleo formal y cierre de fábricas. En el último mes se registraron conflictos en 12 plantas industriales, con nueve cierres y tres procesos de despidos. El fenómeno se amortigua estadísticamente por el aumento del monotributo y la informalidad.
¿Estamos frente a una estanflación?
El debate fue instalado por el ex ministro Domingo Cavallo: ¿puede Argentina estar ingresando en un proceso de estanflación, es decir una actividad económica amesetada con inflación persistente difícil de erradicar? La combinación de inflación estable en niveles relativamente altos y empleo debilitado introduce un interrogante incómodo.
La “batalla cultural” como narrativa
Milei volvió a apuntar contra empresarios “prebendarios” a quienes acusó de haber usufructuado márgenes abusivos durante los años de regulaciones estatales de todo tipo, la mayoría de ellas en nombre de la “protección de una industria nacional” cuyas ineficiencias terminaron de pagar todos los habitantes. La confrontación forma parte de lo que el presidente define como “batalla cultural”, terreno en el cual se siente ganador.
Encuestas: apoyo firme, pero no homogéneo
Las encuestas muestran un piso sólido de respaldo (entre 40% y 50% según distintas consultoras), pero también un porcentaje elevado que evalúa negativamente la coyuntura económica. Una parte importante de sus votantes estaría dispuesta a esperar resultados hasta el final del mandato.
El deshilache opositor
Mientras Milei consolida centralidad e instala “la agenda”, la oposición se fragmenta. La gobernabilidad dejó de ser una amenaza inmediata y el oficialismo proyecta ya el 2027 con optimismo.
La aparición de los acuerdos
Luego de un par de años iniciales confrontativos, el Gobierno aprendió que la gobernabilidad se asegura mediante acuerdos. Así logró aprobar la Reforma Laboral, el Régimen Penal Juvenil, avances en la Ley de Glaciares y el acuerdo Mercosur–Unión Europea en las sesiones extraordinarias, tomados estos como éxitos políticos que ningún otro gobierno democrático desde 1983 había logrado.
Falta de liderazgo en el Peronismo y el Kirchnerismo desorientado
El peronismo exhibe dispersión y falta de conducción clara. La ausencia de una narrativa alternativa facilita el avance libertario. En el Senado, el kirchnerismo enfrentó la reforma laboral sin dictamen alternativo y se replegó en el rechazo y la vía judicial.
Alianza con los gobernadores
El Gobierno fortalece su vínculo con mandatarios provinciales, especialmente de distritos mineros y energéticos, para garantizar estabilidad política y respaldo internacional.
Las internas de siempre
No todo es tranquilidad en el gobierno, pese al clima triunfal persisten tensiones internas en el oficialismo que, por el momento, no alteran la marcha general.
Mirando el futuro
Milei está montado en su burbuja triunfalista. Con logros legislativos inéditos y una narrativa cultural que entusiasma a sus bases, el presidente se muestra consolidado.
Pero la política argentina -ya lo ha demostrado- no perdona la desconexión con la realidad económica. La falta de trabajo, la inflación baja pero persistente, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la fragilidad estructural siguen allí.
La verdadera prueba no estará en las sesiones extraordinarias ya ganadas, sino en la capacidad de traducir ese poder político en estabilidad duradera, mejora concreta en el clima económico y una recuperación sostenida del empleo y los ingresos.
La historia democrática argentina enseña que los triunfos legislativos pueden consolidar liderazgos, pero solo los resultados económicos y sociales sostienen proyectos de largo plazo.
Fuente: Eduardo van der Kooy, Clarín.
Adaptación editorial: La Voz Disruptiva.
