FATE cerró su planta: El fin de una industria protegida y el desafío de competir en una Argentina abierta

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La histórica fabricante de neumáticos de capitales nacionales anunció el cierre de su planta en San Fernando y el despido de 920 trabajadores. Detrás del conflicto salarial con el SUTNA aparecen problemas más profundos: competitividad, costo argentino, apertura comercial y un modelo industrial sostenido durante décadas con protección estatal.

Una muerte anunciada

El cierre de FATE no fue un rayo en un cielo despejado. Durante todo 2025 la empresa del grupo Madanes había quedado como el eslabón más débil de la industria del neumático, en medio de una paritaria que acumuló más de 40 audiencias en 14 meses sin haber llegado a un acuerdo.

Mientras Bridgestone y Pirelli ofrecieron aumentos escalonados —aunque por debajo de la inflación— y aplicaron pagos “a cuenta de futuros aumentos”, FATE directamente no formuló oferta salarial, argumentando que no estaban dadas las condiciones económicas para hacerlo.

El SUTNA mantuvo una postura inflexible frente a propuestas que no compensaban la inflación anual (31,5% en 2025). El resultado fue un desgaste extremo en un sector que ya venía golpeado.

La discusión de fondo: salarios vs. competitividad

Según fuentes empresarias de las multinacionales que operan en Argentina —Pirelli (italiana) y Bridgestone (japonesa)— producir neumáticos en el país implica un costo superior en más de 30% respecto de sus filiales en el exterior.

A eso se suma la caída de ventas por la recesión, el crecimiento de importaciones, la baja de precios en pesos cercana al 40% en un año y la imposibilidad de trasladar aumentos salariales a precios sin perder mercado.

El interrogante no es solo quién tenía razón, sino si el modelo productivo era sostenible en estas condiciones.

Una industria protegida durante décadas

FATE fue durante años símbolo de la industria nacional y beneficiaria de un esquema fuertemente proteccionista.

Hubo momentos en los que empresas estatales estaban obligadas a comprar neumáticos nacionales —el recordado “compre nacional”— con el argumento de que generaban empleo argentino, mientras los precios internos alcanzaban niveles tan altos que muchos consumidores cruzaban a países vecinos para comprar cubiertas más baratas.

Ese esquema benefició a algunos empresarios y sostuvo empleo, pero nunca resolvió el problema estructural: cómo producir con costos competitivos.

El momento político: reforma laboral y economía abierta

El cierre se produce en medio del debate por la Reforma Laboral y en un contexto de inflación descendente y apertura comercial.

¿Es viable una economía abierta con estructuras laborales rígidas y costos internos elevados? ¿Puede una industria sobrevivir si no logra trasladar a precios los aumentos salariales?

La industria del neumático visibiliza el problema porque son 920 empleados que cobran un salario mensual, pero el dilema es mucho más amplio.

Cómo nos ayuda a ver el problema desde Misiones

Además de ser testigos y partícipes de compras más convenientes en neumáticos y otros productos fuera de la frontera, podemos entender perfectamente el problema desde nuestra realidad productiva.

Si tomamos incluso un producto local como la yerba mate, vemos que no hay 900 empleados visibles como en FATE: hay más de 12.000 productores cuyos ingresos dependen también de un precio final que —en este caso— es un paquete que está en una góndola o en un almacén.

Si el producto es caro, pierde consumo. Si el precio baja, el productor sufre. Si los costos suben y no hay competitividad externa, se pierden mercados.

El problema es idéntico: cómo ser competitivos en una economía abierta sin destruir empleo ni ingreso.

Mirando hacia adelante

El cierre de FATE es una pésima noticia social. Nunca es positivo que casi mil trabajadores queden en la calle.

Pero también es una señal de época. Durante décadas se intentó sostener industrias bajo protección estatal y mercados cautivos. Hoy el desafío es construir competitividad real.

Eso implica discutir impuestos, logística, infraestructura, convenios laborales y productividad. Sin competitividad genuina, la protección solo posterga el problema. Y en Argentina, los problemas postergados suelen volver más caros.

¿Quién es el dueño de FATE?

Javier Madanes Quintanilla es propietario de FATE y también de Aluar, el mayor productor de aluminio primario del país, además de la hidroeléctrica Futaleufú.

Su patrimonio personal asciende a aproximadamente u$s1.500 millones, ubicándolo entre las personas más ricas de la Argentina.

En los últimos años criticó la apertura importadora del Gobierno y pidió bajar impuestos para competir, lo que generó fuertes respuestas desde el oficialismo.

El contraste es evidente: empresarios con fortunas consolidadas en esquemas protegidos y trabajadores que hoy enfrentan la pérdida de su fuente de ingreso.

Fuentes:

• Ámbito Financiero – “El cierre de FATE presiona al sector del neumático, que insiste en mejorar la competitividad”.• Ámbito Financiero – “Cerró la fábrica FATE: quién es Javier Madanes Quintanilla, el dueño de la icónica empresa de neumáticos”.

• INDEC – Índice de Precios al Consumidor 2025.

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