Hagamos agricultura para la ganadería

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Una revolución productiva que transformó la ganadería argentina aún no termina de llegar a Misiones. Tecnología, alimentación y prejuicios: las claves de una discusión pendiente.


Cuando Héctor Huergo habla de “revoluciones productivas”, no apela a una metáfora ligera. Describe procesos históricos profundos, irreversibles, que modificaron la forma de producir y pensar el agro argentino. Así lo hizo al analizar la evolución del campo desde la Conquista del Desierto hasta la actual que llama “tercera revolución”, marcada por la digitalización total. Y volvió a hacerlo recientemente al abordar la ganadería en su nota en Clarín Rural “La revolución ganadera: del modelo pastoril a los encierres”.

La tesis es clara: la ganadería tradicional, basada casi exclusivamente en el pastoreo a campo, fue empujada a transformarse por el avance tecnológico de la agricultura. El salto en los rindes agrícolas —especialmente de maíz y soja— hizo imposible que la ganadería compitiera por la tierra en las mejores zonas productivas. Pero lejos de desaparecer, la actividad se reconvirtió.

Con menos superficie, la ganadería logró producir más carne y más leche, incorporando tecnología, alimentación estratégica y nuevos modelos de manejo. El silo de maíz, el grano húmedo, los confinamientos, las pasturas mejoradas y el profesionalismo de contratistas especializados fueron las llaves de ese cambio.

De “ganadería para la agricultura” a “agricultura para la ganadería”

Hay una frase de Huergo que sintetiza toda esta transformación y que bien podría ser el eje del debate actual: “Pasamos de un modelo de ganadería para la agricultura, a uno de agricultura para la ganadería”.

Durante décadas, la rotación agrícola incorporaba la ganadería como una etapa casi obligada para recomponer suelos y controlar malezas. Hoy el esquema se invirtió: es la agricultura la que provee alimento estratégico para una ganadería más intensiva, más eficiente y más rentable.

Un lote de maíz de alto rendimiento puede transformarse en 1.500 kilos de carne por hectárea. Un kilo de maíz equivale, potencialmente, a un litro de leche. La ganadería moderna dejó de depender exclusivamente del clima y del crecimiento diario del pasto.

¿Esta revolución llegó a Misiones?

La pregunta es incómoda, aunque necesaria hacerla y la respuesta, a la luz de los hechos, es parcial. La provincia ha avanzado en mejorar la calidad genética y la sanidad de sus rodeos, pero sigue mostrando serias limitaciones en cantidad, productividad y, sobre todo, en alimentación.

Aquí aparece el antecedente del intento realizado entre los años 2018 y 2019, de promover fuertemente la producción de maíz en Misiones. El objetivo era elemental: abastecer de granos a la provincia, reducir costos logísticos, sostener la producción de proteína animal y eventualmente exportar excedentes al sur de Brasil.

El proyecto naufragó por resistencias ideológicas, miedos exagerados al denominado “paquete tecnológico” que implicaba su puesta en marcha y una visión romántica -pero nunca ordenada- de Misiones como “paraíso de biodiversidad y producción orgánica. Se prohibieron herramientas bajo esas premisas (pe. el uso de glifosatos), se promovieron alternativas sin resultados (los promocionados y mal recordados bioinsumos) y se bloqueó con esos argumentos el verdadero debate de fondo.

Lo peor fue que no se avanzó ni siquiera en una estrategia intermedia que promoviera maíces mejorados, buenas prácticas agrícolas y mayor oferta local de granos.

Faltan ideas nuevas

La ganadería misionera no está limitada por el clima ni por el suelo. Está limitada por las ideas. O, mejor dicho, por la ausencia de ideas nuevas.

Las viejas recetas ya demostraron que no sirven: producen poco, encarecen costos, reducen competitividad y terminan justificándose en discursos que no se traducen en resultados. Sin embargo, siguen siendo defendidas con una obstinación llamativa.

La pregunta final es inevitable: ¿por qué en Misiones quienes traen ideas nuevas, datos, experiencias exitosas y propuestas superadoras suelen ser maltratados, objetados o directamente anulados? ¿Qué intereses se protegen cuando se impide discutir productividad, escala y tecnología?

Mientras el mundo avanza y redefine su producción de alimentos, Misiones sigue discutiendo con categorías del siglo pasado.

Y así, la verdadera revolución -la que podría generar más producción, más ingresos y más oportunidades de trabajo- sigue esperando.

Fuentes:
– Análisis propio de LVD en base a Héctor Huergo, Clarín Rural, “La revolución ganadera: del modelo pastoril a los encierres”.
Bichos de Campo, “Como si fuera un país aparte: en Misiones se dividen por el maíz transgénico” (enero 2019).