El modelo de país: entre el consumo presente y el futuro posible

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Mientras la economía crece impulsada por energía, minería y agro, el consumo revela una sociedad fragmentada. El caso de Noruega ofrece una clave incómoda: qué hacer cuando llega la riqueza.

El dato es contundente: el PBI de Argentina creció 4,4% el año pasado. Sin embargo, lejos de traducirse en bienestar generalizado, las encuestas reflejan incomodidad social, y hasta un cierto malestar. No es una contradicción: es una señal.

La situación del consumo

Argentina atraviesa una triple dualidad. Una macroeconomía con sectores dinámicos —energía, minería, agro y hasta el financiero— que conviven con otros rezagados como industria, comercio y construcción. Crece el producto pero cae el empleo. Y, finalmente, emerge una sociedad fragmentada que se expresa en el consumo.

Hoy el consumo muestra dos Argentinas. Por un lado, sectores de ingresos altos que sostienen viajes, autos e inmuebles. Por otro, una clase media baja que ajusta su estándar de vida y consume para no caer más. En 2023 se consumía para ganarle a la inflación. En 2025 se consume para resistir.

Sociedad dual = Consumo dual

Evolución 2025 vs. 2023, en volumen

Esta dualidad correlaciona con las clases asociales. Aquellos que tienen un trabajo formal o son autónomos con una buena situación, se concentran en la clase alta; la media baja y la porción superior de la media baja (30% de las familias) tienen una mejor situación. Sus ingresos le empataron a la inflación o casi, y más que duplicaron en dólares.

En el resto de la pirámide social, la situación es más compleja. Allí hay mucha más informalidad.

Un patrón estructural que se agudiza en los últimos meses, aunque con algunas novedades: la clase media baja comienza a aceptar con cierta resignación su nuevo estándar de vida uno o dos escalones más abajo. Sabe que no se va a recuperar pronto. Solo desea no caer más. 

La riqueza que viene: consumir o invertir para mañana

Para la política y los ciudadanos la gran pregunta se abre de cara al futuro. Sabiendo que el país tiene una oportunidad histórica por delante traccionada por el petróleo, el gas, la minería y el agro— que tienen el potencial de reconfigurarlo todo: ¿en qué consistirá, finalmente, ese futuro? ¿Vale la pena mantener el esfuerzo hasta llegar allí? ¿Para cruzar ese puente hay que hacer nuevas concesiones? ¿Es eso posible o en el tránsito hacia allí las cosas mejorarán progresivamente?

Detrás de este cuadro aparece una pregunta estructural: ¿qué hacer con la riqueza que viene? Argentina se encamina a un shock de recursos a partir de Vaca Muerta, el litio, el cobre y el agro. Aquí es cuando aparece la tensión central: consumir hoy o invertir para mañana.

El caso Noruega

El caso de Noruega es ilustrativo. Tras descubrir petróleo en el Mar del Norte, el país creó un fondo soberano que hoy supera los 2 trillones de dólares. Decidió invertir en el exterior, sacar gran parte de ese dinero del mercado interno, evitando de ese modo presiones inflacionarias y limitar el uso anual al 3% de sus rendimientos. Con esos recursos financia educación, infraestructura y bienestar sin destruir su estructura productiva tradicional.

Noruega evitó la “maldición de los recursos”: inflación, atraso cambiario y destrucción de otros sectores. Lo hizo con disciplina y una decisión cultural profunda: no gastar todo lo que se tiene.

En contraste, muchos países ricos en recursos naturales —petróleo, gas, minerales— han sufrido crisis, desigualdad y dependencia. La abundancia mal administrada puede ser una trampa y en muchos casos “una maldición“.

En Misiones, salvando las distancias y la dimensión económica de la producción yerbatera, la yerba mate ofrece una señal interesante. El llamado “cultivo madre” muestra cómo un sector central puede quedar atrapado en regulaciones, distorsiones y conflictos distributivos permanentes.

La discusión que viene será inevitable. Ya aparecen voces que plantean capturar la “renta” de sectores dinámicos para redistribuirla vía impuestos, tasas o mecanismos similares, en otros a los que se consideran “atrasados”. No es nuevo: ocurrió con las retenciones agropecuarias y con los impuestos a la compra de dólares entre otros.

¿Que modelo eligirá Argentina?

“Donde hay una necesidad hay un derecho” —una idea profundamente arraigada— puede convertirse en el principal obstáculo para construir un país que piense en el largo plazo.
El modelo de país será el gran debate de la próxima década.

Y no será técnico. Será cultural.

Porque la discusión no será solo sobre petróleo, litio o agro. Será sobre qué hacemos con esa riqueza. Si la usamos para sostener el presente o para construir el futuro.

Argentina tiene una oportunidad histórica. Pero también tiene un problema histórico: su tendencia a consumir antes que invertir.

El riesgo no es no tener recursos. El riesgo es repetir el patrón.

La discusión ya empezó. Y será incómoda. Porque implicará decir que no, postergar beneficios y resistir la tentación de transformar cada necesidad en un derecho inmediato financiado por recursos extraordinarios. Si esa lógica se impone, la historia ya está escrita.

Y no termina bien.

Fuente: Elaboración LVD en base a nota de Guillermo Olivetto, La Nación.