Industria nacional ante la apertura: la mirada de una pyme que vende sin rentabilidad

Economía Nacional Política

El empresario cordobés Javier Codini, fabricante e importador de electrodomésticos, expuso en una entrevista con Ámbito los desafíos de producir en Argentina en medio de apertura comercial, tasas financieras elevadas y consumo debilitado. Una radiografía del pensamiento de la “pyme media” que intenta adaptarse sin abandonar la producción local.

Por La Voz Disruptiva

Un año de transición… y márgenes negativos

Javier Codini, presidente de la firma familiar Codini con sede en San Francisco (Córdoba), definió el momento actual como un “traspaso estructural” hacia una nueva etapa económica. La empresa atravesó 2025 vendiendo incluso con rentabilidad negativa, forzada por la caída del consumo interno, el fuerte ingreso de importaciones —principalmente desde China— y stock financiado a tasas que llegaron al 80% anual.

La combinación fue explosiva: mercadería apalancada con crédito caro, precios en baja y sobrestock generalizado. En ese contexto, liberar inventario —aunque implicara perder dinero— resultó menos costoso que sostenerlo.

Los precios no van a bajar más. Estamos en un límite muy bajo”, sostuvo el empresario en la entrevista publicada por Ámbito.

Fabricar o importar: una decisión pragmática

Codini opera bajo un esquema mixto: importa, ensambla y fabrica según las condiciones económicas. Produce localmente lavarropas semiautomáticos y centrífugas; ensambla pavas y algunos modelos automáticos; e importa productos terminados cuando el costo lo exige.

Su posición es clara: si pudiera elegir en igualdad de condiciones, preferiría fabricar. Pero el problema no es ideológico, sino estructural: carga impositiva elevada, dificultad para acceder a financiamiento razonable y escala reducida del mercado argentino.

El empresario reconoce que no está de acuerdo con un país totalmente cerrado. La apertura, afirma, trae innovación y tecnología. Pero también advierte que el extremo opuesto —importar todo sin criterios de competencia equilibrada— puede desarticular estructuras productivas locales. Incluso mencionó la preocupación por presunto dumping en lavarropas provenientes de China.

El problema financiero: la ‘pata’ que falta

Más allá de la competencia externa, Codini identifica una carencia estructural: financiamiento accesible. Sin crédito a tasas razonables, la industria nacional queda obligada a financiarse con capital propio o con instrumentos prohibitivos. En economías desarrolladas, el crédito es una herramienta de expansión; en Argentina suele convertirse en un factor de riesgo estructural.

Reforma laboral e industria del juicio

En relación con la reforma laboral, el empresario adopta una postura matizada. “No estoy pensando en contratar a alguien para ver si después lo puedo despedir”, explicó, señalando que la variable principal para contratar sigue siendo la demanda.

Sin embargo, advierte que el sistema actual puede asfixiar a una pyme. Una indemnización elevada o un juicio laboral prolongado puede comprometer seriamente la continuidad de una firma pequeña, especialmente en estructuras reducidas de empleados.

La reducción proyectada de cargas sociales es vista más como un alivio de costos que como un mecanismo automático de baja de precios, dado que los márgenes actuales son mínimos.

Un consumo que no termina de reaccionar

El empresario proyecta 2026 como un año de “acomodamiento”: redefinir portfolio, ajustar producción e importaciones y atravesar un período de rentabilidad baja con la expectativa de mayor claridad en 2027. Pero la condición indispensable es la recuperación del consumo, que hoy todavía no muestra una reactivación sostenida.

Mirando el camino posible

La discusión de fondo no es apertura sí o no, ni reforma laboral sí o no. La pregunta central es cómo lograr que la transición hacia una economía más competitiva no implique la destrucción de capacidades productivas antes de que se consoliden nuevas ventajas.

Argentina enfrenta un desafío delicado: ordenar sus desequilibrios sin descapitalizar su tejido industrial.

Las decisiones correctas probablemente no estén en los extremos. Requieren equilibrio entre apertura, financiamiento accesible, reducción de distorsiones impositivas y recuperación de la demanda interna.

Entender la mirada de quienes producen es un paso necesario para diseñar políticas que no se queden en consignas, sino que permitan resolver conflictos estructurales de larga data.

Fuente: Entrevista a Javier Codini, publicada en Ámbito Financiero.