Cuando todo indicaba que íbamos a tener un verano apacible, Javi prendió los motores, encendió los faroles y empezó otra vez el show.
Hay ocasiones en las que se justifica extender un cachito más las vacaciones. Ya sea porque el año que terminó te dejó extenuado o porque no hay barbaridades políticas que ameriten apurar el retorno. O por ambas cosas, que posiblemente sea el caso.
Con Cristina presa, Macri de campamento con su psicoterapeuta y Javi sedado con 4 gotas de Clonagín a la mañana y otras tantas a la noche (se ve que ya le encontraron la dosis justa), el verano político no parecía ofrecer divertimentos significativos. Sin embargo, acá estamos dando inicio a la 19° temporada de columnas dominicales en la página 2 del poder hegemónico.
Como destacados del verano solo tenemos la pelea de los dos grandes estadistas que ofrece el peronismo: Kicillof y Máximo. También alguna de las barbaridades a las que nos tiene acostumbrados Grabois y la foto de una legisladora libertaria posando semidesnuda y enjabonada con las dos pechugas desafiantes en primer plano. Nada que merezca un análisis político particular.
El único fenómeno político que no se detuvo en enero y siguió creciendo en popularidad fue el del Chiqui Tapia y su batucada. A primera vista, una coalición interesante pero un poco rara. En general los proyectos políticos arrancan con un sustento ideológico y terminan con propiedades, aviones privados, helicópteros y galpones llenos de autos. Acá la cosa parece que arrancó al revés. No está claro si en las próximas elecciones estos muchachos van a sacar muchos votos, pero evidentemente guita para la campaña no les va a faltar.
Tampoco hay que exagerar el caso. La movida que nació en la AFA es nada si la comparamos con la época dorada de los Kirchner, De Vido, José López y el resto de aquellos grandes capocómicos que protagonizaron la inolvidable década ganada.
A propósito, es una pena la manera en que se fue diezmando esa secta. Para colmo, ahora cayó preso Uberti, el de la valija de Antonini Wilson y tantos otros emprendimientos. Todavía anda por ahí boyando el trío Alberto-Tolosa-Albistur, pero es evidente que ya se van apagando. Los ponés en un titular de diario o en un zócalo de televisión y no los mira ni el loro.
Viene zafando Sergio Massa, posiblemente protegido por el propio gobierno ya sabemos todos por qué. Pero ahora empezó a destaparse la gran joda que se potenció durante su paso por el Ministerio de Economía. Para quienes no recuerdan el caso, algunos amigotes conseguían dólares a precio oficial y, aprovechando la brecha cambiaria, los vendían al doble en el mercado paralelo. Sin dudas, uno de los grandes éxitos del gobierno de Alberto y Cristina por el que injustamente los persigue la ley. Decimos injustamente porque los K no fueron los únicos chorros. Tal vez fueron los más golosos pero también los más boludos. Por algo fueron todos presos. La gracia de chorear es que no te atrapen.
A propósito de corruptos y detenidos, este es un buen momento para que los principales dirigentes del país, sobre todo los que gobiernan, aprendan que nada es para siempre. Y que la impunidad que hoy tenés, tarde o temprano la perdés. Los políticos pasan y las tobilleras quedan.
Cuando el reo o la rea cumple su condena, se le saca el dispositivo electrónico, se le pasa un trapito con un poco de lavandina y se lo vuelve a usar. Siempre habrá un tobillo disponible de algún gracioso que se hizo pasar por patriota para hacerse rico.
Para el gobierno, el caso LIBRA o la joda que se destapó en la ANDIS son episodios sin consecuencias que se irán perdiendo en el tiempo. Lo mismo pensaba Cristina cuando Lanata mostraba la joda de Lázaro Báez y los hoteles de los Kirchner.
Volviendo al punto, nada parecía alterar la modorra estival. El ministro Caputo, que siempre te rinde, solo metió un hit en todo el verano: “Yo me compro la ropa afuera”, dijo creyendo una vez más que todos los argentinos nos pasamos los fines de semana jugando al rugby y escuchando temas de Cesar Banana Pueyrredón.
Una pelotudez menor si la comparamos con el inolvidable “comprá campeón” y tantos otros éxitos de este verdadero crack de zona norte.
La única movida productiva que siguió funcionando de maravillas durante el verano es el famoso carry trade. No es para cualquiera. Te tienen que sobrar algunos dólares o tenerlos ahorrados de antes.
Todo consiste en vender parte de esos dólares (hay que estar loco para venderlos todos), aprovechar el dólar controlado que ofrece el gobierno, colocarlos en pesos a tasas altas y fumar tranquilo debajo de la sombrilla. Es un truco que, desde Martínez de Hoz para acá, no falla nunca.
En realidad no falla nunca si es que estás atento y sabés salir a tiempo, aunque con los años ya todos aprendimos a salir a tiempo. Si alguien todavía tiene alguna duda, basta preguntarle a Macri y su mejor equipo en 50 años que incluyó a Caputo y a Sturzenegger. ¿De dónde salen los pesos que los inversores se llevan así de fácil? Menos averigua Dios y perdona.
Sin embargo, en algún momento todo se puede complicar. Si bien el gobierno alardea de que está comprando dólares y reforzando las reservas, la cruda realidad es que las reservas netas en dólares y yuanes al 11 de febrero eran negativas en 11.510 millones de dólares.
Para quienes les interesa el tema, esto se desprende de que las reservas brutas, al miércoles pasado, eran de 45.305 millones de dólares pero los pasivos en dólares son de 56.815 millones. De ahí que estamos con 11.510 millones en rojo. Y no estamos peor porque los 4.024 millones de dólares que teníamos en oro (y que se computan en las reservas brutas) se transformaron en 9.848 gracias a la espectacular subida del metal. Moraleja: el carry trade sirve si estás atento. Si te dormiste, perdiste.
En esa calma veraniega estábamos cuando Javi prendió los motores, hizo laburar al Congreso y sacó la tantas veces postergada reforma laboral. Eso nos regaló nuevos episodios. Por ejemplo el senador kirchnerista Recalde declaró estar en contra de la reforma laboral y después explicó que todavía no había leído el proyecto.
También el senador Jorge Capitanich salió a criticar la ley aduciendo que estaba en riesgo la libertad de expresión. Este muchacho debe ser un homónimo del Jorge Capitanich que el 2 de febrero de 2015 pasó a la historia cuando, siendo Jefe de Gabinete, se paró frente a las cámaras de televisión y rompió en vivo varias hojas del diario Clarín. Días antes había dicho que la repercusión mediática por la muerte de Nisman era “una conspiración para tapar el éxito de la temporada marplatense” (textual).
Por suerte Milei los envalentonó y salieron todos de sus ratoneras. El mismo Javi tomó fuerzas y empezó otra vez con el tema de los mandriles y sus derivados.
Por ahora, con cierta cautela. Solo ligaron Paolo Rocca, Luis Novaresio, Marcelo Bonelli, Maria O’Donnell y no muchos más. Pero todo puede cambiar de un día para el otro. Bastaría que una noche se le caiga al piso y se le rompa el frasquito de Clonagin para que el presidente agarre el celu y no lo suelte más.
En el fondo sería una bendición. Un nuevo Campeonato Nacional de Mandriles 2026 nos vendría bárbaro.
Como ve amigo lector, la realidad siempre ofrece mercadería fina. Acá seguiremos para aprovecharla y entretenernos.
Es un placer estar de vuelta.
Arrancó la temporada.
Fueente: Clarín
