Acuerdo Argentina–EEUU: Oportunidades, desafíos y resistencias. Celebremos su discusión en el Congreso

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La firma del Acuerdo de Comercio e Inversiones entre Argentina y Estados Unidos reactiva el debate sobre la inserción internacional del país, y vuelve a exponer con nitidez las posiciones antagónicas de la dirigencia política y empresarial. Para Misiones, el entendimiento abre oportunidades concretas para algunas economías regionales, también deja en evidencia una preocupante falta de oportunidad del gobierno provincial, especialmente en sectores estratégicos como la forestoindustria.

Un acuerdo que Milei considera clave para el rumbo del país

Durante la última semana, el Gobierno nacional confirmó la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos. El anuncio fue realizado desde Washington por el canciller Pablo Quirno, quien destacó el trabajo conjunto entre ambos países y el carácter estratégico del entendimiento.


El presidente Javier Milei celebró públicamente el acuerdo, alineándolo con su visión de una Argentina integrada al mundo occidental, abierta al comercio, a la inversión extranjera y a reglas de juego previsibles. Desde la óptica oficial, se trata de una señal política fuerte que busca diferenciarse de décadas de aislamiento, proteccionismo improductivo y negociaciones internacionales fallidas.

Según estimaciones oficiales y privadas, el acuerdo podría atraer más de 10.000 millones de dólares en inversiones estadounidenses durante el primer año de vigencia, con especial impacto en sectores como energía, minería, economía del conocimiento y producción agroindustrial. En un contexto de restricciones fiscales y necesidad de crecimiento, el Gobierno considera que este tipo de acuerdos son una herramienta central para recomponer expectativas.

Las claves del entendimiento: apertura con reglas

Más allá de los anuncios políticos, el acuerdo incluye definiciones concretas que permiten dimensionar su alcance real. Entre los puntos más relevantes se destacan la eliminación de aranceles para más de 1.600 productos argentinos, la ampliación histórica de la cuota de exportación de carne bovina hasta 100.000 toneladas anuales y compromisos en comercio digital, propiedad intelectual y economía del conocimiento.

Estados Unidos, por su parte, manifestó su disposición a revisar aranceles sensibles como los aplicados al acero y al aluminio, mientras que Argentina asumió compromisos de simplificación regulatoria, reducción de barreras no arancelarias y adecuación a estándares internacionales.

El Gobierno insiste en que no se trata de una apertura ingenua, sino de una inserción estratégica que busca integrar al país en cadenas globales de valor, atraer inversiones productivas y ampliar mercados para las exportaciones argentinas.

Resistencias internas: críticas sin propuestas claras

Como ocurrió con el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, el entendimiento con Estados Unidos despertó resistencias inmediatas. Desde la Unión Industrial Argentina, su presidente Martín Rappallini advirtió que la industria atraviesa una transición crítica y que la apertura podría profundizar dificultades en sectores que aún no se recuperaron del fuerte ajuste de 2024.

El planteo industrial, sin embargo, vuelve a poner el foco en problemas conocidos —presión fiscal, costos internos, falta de competitividad sistémica— sin avanzar en propuestas concretas que permitan compatibilizar integración internacional con modernización productiva.

Desde el plano político, el diputado Miguel Ángel Pichetto fue aún más duro y acusó al Gobierno de impulsar un proceso de destrucción de la industria nacional, atribuyéndolo a una mirada ideológica atrasada. El discurso, cargado de referencias al pasado y a modelos proteccionistas, expresa una crítica frontal al rumbo actual, pero también evidencia la dificultad de ofrecer alternativas viables en un mundo que ya no funciona bajo las reglas del siglo XX.

Misiones ante el nuevo escenario: oportunidades y ausencias

Desde una mirada regional, el economista Gerardo Alonso Schwarz, de la Fundación Mediterránea, aportó una de las evaluaciones más equilibradas sobre el impacto del acuerdo. Según explicó, el valor central del entendimiento no reside únicamente en los aranceles, sino en el cambio de paradigma que impone: pensar en mercados de cientos de millones de consumidores y no solo en el limitado mercado interno.

Para Misiones, Schwarz destacó oportunidades concretas para la yerba mate y el té, productos que podrían acceder al mercado estadounidense con arancel cero en el mediano plazo, siempre que se cumplan estándares de calidad, certificaciones y exigencias ambientales.

No obstante, el economista señaló una ausencia relevante: la forestoindustria. Pese a la crisis que atraviesa el sector y a las ventajas comparativas de Misiones en manejo sustentable de bosques, los productos de la madera no aparecen claramente incluidos entre los beneficiados por el acuerdo.

El problema del timing y una oportunidad perdida

Esta omisión deja al descubierto un problema recurrente en la política provincial: la falta de anticipación y de estrategia. El acuerdo con Estados Unidos no fue una sorpresa. Se venía negociando desde hace tiempo, pero las áreas del gobierno provincial vinculadas a producción, ecología y comercio exterior no lograron posicionar a la forestoindustria misionera dentro de la agenda de negociación.

Hoy, el sector intenta incorporarse cuando el acuerdo ya está cerrado. Más que una cuestión técnica, se trata de una oportunidad parcialmente perdida que vuelve a mostrar las dificultades de Misiones para leer a tiempo los cambios de los escenarios nacionales e internacionales.

Congreso, democracia y un debate necesario

Tanto el acuerdo con Estados Unidos como el firmado con la Unión Europea deberán ser tratados por el Congreso de la Nación. En un país acostumbrado durante años a mayorías automáticas y debates cerrados, este proceso representa un saludable ejercicio democrático.

Paradójicamente, el gobierno de Javier Milei —resistido por amplios sectores de la dirigencia— le devuelve al Parlamento un rol central: debatir, argumentar, defender ideas, hacerse cargo de las decisiones y darle visibilidad a los políticos de distintas corrientes de pensamiento. Criticar sin proponer o intentar regresar a esquemas agotados del pasado no solo empobrece el debate, sino que posterga una discusión impostergable sobre cómo insertar a la Argentina, a Misiones y al NEA en el mundo real del siglo XXI.

Fuentes y aclaración editorial

Esta nota fue elaborada a partir de información publicada por iProfesional y Ámbito Financiero, y del reportaje realizado por Misiones On Line al economista Gerardo Alonso Schwarz, de la Fundación Mediterránea.

Las interpretaciones, reflexiones políticas, económicas y territoriales, así como los vínculos con la realidad de Misiones y del NEA, corresponden a un análisis propio de La Voz Disruptiva (LVD), elaborado con el objetivo de aportar contexto, promover el debate democrático y reflexionar sobre la inserción estratégica de la provincia y la región en el mundo del siglo XXI.