No se olviden de Cabezas

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Hoy, 25 de enero, se cumplen 29 años del asesinato de José Luis Cabezas, el fotoperiodista que pagó con su vida el haber retratado al poder que operaba en las sombras. Su muerte no fue un hecho aislado, sino un mensaje hacia la sociedad democrática y la prensa libre.

Un crimen que marcó un antes y un después

El 25 de enero de 1997, el cuerpo de José Luis Cabezas, fotógrafo de la revista Noticias, fue hallado dentro de un Ford Fiesta incendiado en una cava cercana a Pinamar, provincia de Buenos Aires. Estaba esposado y con dos disparos en la cabeza, señal clara de que no se trató de un robo ni de un hecho al azar.

Cabezas había logrado algo que muchos consideraban imposible: fotografiar al empresario Alfredo Yabrán, conocido por su poder económico y político y su obsesión por permanecer en las sombras. Esa imagen, publicada en tapa de Noticias en marzo de 1996, rompió el blindaje mediático que rodeaba a Yabrán y lo expuso ante la opinión pública.

Quiénes estuvieron detrás del crimen

La investigación judicial identificó a una banda integrada por policías bonaerenses y delincuentes, conocidos como “Los Horneros”, como los autores materiales del secuestro y asesinato. El jefe de seguridad de Yabrán, Gregorio Ríos, fue señalado como el nexo con el poder del empresario.

Yabrán fue citado a declarar como principal sospechoso, pero nunca llegó a hacerlo. En mayo de 1998, cuando pesaba sobre él una orden de detención, se suicidó en una estancia en Entre Ríos, cerrando una parte clave del caso sin responder todas las preguntas sobre las responsabilidades reales.

Justicia y sus sombras

En 2002, la Justicia dictó condenas, incluso perpetuas, para los policías y responsables de la ejecución, y para Ríos como instigador. Sin embargo, con el paso de los años, varios de los condenados accedieron a beneficios, reducciones de pena y libertades condicionales, lo que generó fuertes críticas e indignación en la familia de Cabezas y en organizaciones periodísticas.

El legado de una foto y un nombre

El crimen de Cabezas no fue solo un ataque a un fotógrafo: fue un intento de disciplinar a la prensa y silenciar la mirada crítica sobre los poderes fácticos. Su figura se transformó en consigna permanente –“No se olviden de Cabezas”- y su memoria se reafirma cada 25 de enero como Día Nacional del Reportero Gráfico, en defensa de la libertad de expresión y contra las zonas de impunidad.

La memoria permanente

A casi tres décadas, el caso Cabezas sigue siendo un símbolo de la lucha por un periodismo independiente y una sociedad que exige transparencia. Recordarlo no es un ejercicio nostálgico: es una advertencia vigente frente a cualquier forma de poder que busque ocultarse, disciplinar a la prensa o convertir el silencio en norma.

La memoria de Cabezas también abraza a quienes hoy, desde otros ámbitos y con nuevas herramientas, se animan a incomodar al poder diciendo verdades que muchos prefieren callar, difundiendo documentos que permanecen archivados, “filtrando” mensajes, fotos o videos que no gustan. No siempre son periodistas o fotógrafos profesionales, se suman miles de gente común, que están en todos lados y cumplen la misma función esencial: romper el silencio.

Nota del editor:
Esta nota fue elaborada a partir de una publicación reciente de la revista Noticias, utilizada como disparador para una reflexión editorial propia de La Voz Disruptiva.